Un champán bien helado

El médico reunió a Felicia, la esposa de Fernando, y a su madre en el escritorio de la residencia para explicarles la condición del enfermo.
—El Sr. Larravide tiene una amnesia simple de origen no identificado. No hay señales de trauma físico que justifiquen la condición. En estos casos, generalmente, la causa es un trauma psíquico puntual o una continuada situación de alto estrés. Si bien es imposible pronosticar la evolución se puede esperar que, en un plazo de pocas semanas, el paciente recupere total o parcialmente la memoria. El primer signo de recuperación será que comenzará a reconocer a las personas más cercanas. Se necesita una actitud positiva y mucha paciencia de la familia.
Después de los abrazos de rigor, Felicia acompañó a su suegra al auto para despedirse y volvió al lado de su marido.
—Fernando, soy yo, Felicia, ¿Te acordás de mí?
— ¿Quiénes eran esas personas? ¿Cómo decís que te llamás?
Felicia no puede tolerar la situación y sale de la habitación.
Tres días más tarde en la sala de conferencias del Estudio Jurídico Fernández & Fernández Asociados, Felicia conversa con el tío de su esposo a quien todos llaman respetuosamente Don Carlos.
—Felicia, yo te pedí que vinieras para que hables con el abogado. No sé cuán enterada estás de los problemas de la Empresa, pero yo estoy de sorpresa en sorpresa y cada vez más alarmado. Vengo de la oficina donde estuve más de una hora con el comisario Ramírez, de la división de Delitos Complejos, hace tres días que están metidos en la contabilidad de la Empresa y me dijo que tienen para mucho más.
— ¡Un comisario! ¿Por qué? ¿Qué pasa?
—Pero m´hija la empresa está en ruinas, vos debes de saber.
—Saber qué, Don Carlos, yo no sé nada de la Empresa. Fernando es el presidente.
—Bueno… tú eres la Directora Financiera.
— ¿La qué? ¡Ah!… Ud. dice por ese sueldo que me pasa Fernando. No… no… Lo hizo para bajar no sé qué impuesto pero… es todo legal. ¡Qué voy a ser la Directora Financiera Don Carlos si yo no entiendo ni la factura de UTE…!
—Bueno Felicia… pero… todos los documentos que el comisario revisó hasta el momento están firmados por vos… incluyendo esas enormes transferencias al extranjero de las que no se sabe bajo qué conceptos se hicieron.
—Mire Don Carlos, Fernando me traía todas las noches papeles para firmar pero, le soy sincera, no tengo idea de qué eran. El pobre ahora está con amnesia pero él manejó todo muy bien. La empresa está muy bien.
—La verdad es que me sorprendes Felicia, lo que yo sé ahora es que estamos fundidos, con enormes deudas y una investigación por fraude. Vos estás comprometida en cada uno de esas acciones. Yo te sugiero que te asesores con un abogado. Necesitarás quien te defienda. ¡Ya muchacha! No podés demorar ni un solo día. Es más… te aconsejo enérgicamente que no digas nada a nadie sin el asesoramiento previo de un abogado.
Felicia va por la Rambla hacia Carrasco como en una pesadilla. Llora, habla sola, vuelve a llorar y se salva milagrosamente un par de veces de rozar otros autos. Al llegar a Kibon sale de la Rambla y se estaciona mirando al río, el fuerte olor a mar revuelto la despabila un poco. Busca el celular y hace un llamado.
—Pedro, soy yo. Me estoy volviendo loca.
— ¿Qué te pasa querida?
—No sé… todo se me viene abajo… mi marido está como un zombi, ¡ni me conoce! Ahora resulta que la empresa está fundida y hay muchos papeles que yo firmé que dicen que me comprometen, no sé si entendí bien… estoy desesperada… hasta podría ir presa. Parecería que ese hijo de puta de mi marido me metió en un pozo sin fondo a propósito. Qué sé yo… me quiero morir.
—Tranquilízate mi amor, mirá… yo ahora no puedo salir de acá para Montevideo, pero esta noche voy para allá cualquier hora que termine y te llamo. Nos encontramos donde siempre y me contás pero, es fundamental, que te tranquilices, vos sabés lo que te quiero, haceme caso.
—Gracias mi amor, vení por favor, te necesito.
Felicia entra a la residencia y estaciona el Mercedes frente al pórtico de entrada, sube apurada y, al entrar, la encuentra a la mucama.
—Señora, ¡qué alegría! Le tengo una buena noticia.
— ¿Qué pasó?
—El señor está mejor señora, se levantó, me llamó por mi nombre, se vistió de traje y salió para la ofician con su maletín negro. Llevó también una de las valijas de cuero. Se ve que está mucho mejor.
— ¿Se fue manejando él?
—Sí señora, salió con el Audi.
Felicia asustada corre al escritorio y llama al teléfono reservado de la oficina de su marido en la Empresa. Nadie contesta. Llama a la central telefónica.
—Hola, soy Felicia la esposa del Presidente, por favor, pasame con la secretaria.
— Buen día señora Felicia, la señorita Teresa no vino hoy, dio parte de enferma.
— ¿Mi marido llegó a la empresa?
—No señora, no lo vimos ¿está mejor?
Felicia rompe a llorar, la confusión es total y no tiene la menor idea de qué hacer.
En el nuevo aeropuerto por los altoparlantes anuncian: Último llamado a embarcar a pasajeros de American Airlines con destino a Miami y conexiones.
Al mostrador de primera clase se acerca una pareja seguida por un maletero con seis enorme valijas. El hombre le entrega al empleado de la aerolínea los dos pasaportes con los pasajes.
—Las valijas directas a Costa Rica, por favor, no quiero tener que hacer aduana en Miami.
—No se preocupe señor van directamente a San José. Recuerde que en Miami tienen 4 horas de espera y pueden utilizar nuestro salón VIP.
—Gracias, ¿podemos elegir la opción de comida para este vuelo?
—Sí, por supuesto, prefieren carne, pasta o mariscos.
— Teresa, ¿qué querés comer?
—Lo que tú digas cariño.
—Mariscos, los dos, espero que el champán esté frío.
—Nuestro champagne está siempre helado en primera clase señor. Que tengan un buen viaje.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.