Los tres poemas de Hesíodo

En el auditorio número 4 del Edificio  de  Conferencias de la Universidad Complutense de Madrid ante una nutrida concurrencia:

—Buenas noches Señoras y Señores, tengo el honor de presentar al Dr. Stephan  Crowell, catedrático  del Center for Hellenic Studies del King´s College de Londres.

Destacado académico dedicado a la investigación de textos de la Antigua Grecia en relación con la mitología del Mediterráneo Oriental.

—Muy buenas noches. Agradezco la gentileza del Euro-Mediterranean University Institute (EMUI) de la UCM por invitarme a  presentar ante tan distinguida audiencia el trabajo de investigación en que participé. Es un proyecto culminado recientemente que llevó cuatro años de trabajo de campo y dos de investigación  en Londres.

Se trató de unos textos atribuidos a Hesíodo. Como Uds. sabrán  los poemas  “La Teogonía” y “Los trabajos y los días” están reconocidos como suyos y han generado hipótesis de que Hesiodo fue más un filósofo que un poeta. Son muy claros los mensajes de contenido social y moral de sus leyendas sobre los dioses.

Nuestro estudio estuvo centrado en tres textos o poemas descubiertos a principio del siglo. Mediante el análisis comparativo de textos hemos determinado que son realmente obra del gran autor. Estos poemas describen una leyenda hasta ahora desconocida y que, si Uds. toleran mi pobre español, les contaré en forma resumida.

Zeus, quien había consolidado su poder entre los habitantes del Olimpo tras muchos esfuerzos y conflictos, no se relacionaba con los hombres y le molestaba que otros Dioses, de menor jerarquía, se mezclaran en sus asuntos. Pero era, sin embargo, muy sensible a las ofrendas de los humanos. Según cuenta Hesíodo, fueron los habitantes de un pequeño valle, no muy lejos de Troya, quienes más homenajes y sacrificios ofrecieron a Zeus. Cuando el Dios vio esto, comenzó a poner atención a las plegarias de esos hombres. Artrípides, uno de los líderes de este pequeño pueblo, ponía tal devoción en sus pedidos  que llamó mucho la atención y simpatía de Zeus. Como lo podemos observar en la siguiente cita:

“—Oh Zeus, señor del Olimpo ¿Por qué es que los humanos hemos de perder todo lo que aprendemos durante nuestras vidas?  Mi padre trabajó, luchó y sufrió mucho para aprender a vivir con honor pero cuando yo nací no heredé ese conocimiento. ¿Por qué no puede un padre pasarle  su experiencia al hijo cuando le da la vida? ¿Por qué debemos los hombres empezar siempre desde cero y aprender todo de nuevo?”

Dicen que Zeus al escuchar este lamento reflexionó mucho, le pareció  muy inteligente lo que decía Artrípides. Un día, decidió hacer un experimento. A los hombres de ese valle les dio el poder de trasmitir a sus hijos toda su experiencia; es decir al nacer cada habitante traería en su alma todo el conocimiento y sabiduría que su padre había acumulado. Todos en el valle quedaron enormemente agradecidos a Zeus y lo recordaron diariamente en sus plegarias.

Desde ese momento, el hijo del granjero nacía sabiendo cuando plantar y como recoger los frutos de la tierra y ese conocimiento sumado a su propia experiencia se lo pasaba a sus hijos. Y así fue dando de generación tras generación. El resultado fue formidable. Los hombres nacían sabios y los hijos no cometían los mismos errores que sus padres. Cada generación llevaba una vida mejor que la anterior y comenzó a primar el sentido común, la bondad y la tolerancia entre esos hombres.

Zeus, que reinaba sobre muchos pueblos y regiones distintas, pasaba mucho tiempo sin ver a esos hijos de su experimento  pero tenía mucha curiosidad por conocer  el resultado.

Por eso, un día, envió a varios de sus Dioses menores para que se mezclaran entre los hombres y le informaran que estaba pasando con ellos.

Cuando los Dioses bajaron al valle se sorprendieron. Los hombre sabios se entendían entre ellos con respeto, producían los alimentaos y bienes que necesitaban y se los repartían en paz; no había conflictos que no se resolvieran en forma razonable. Esos humanos usaban con prudencia su tiempo y esfuerzo y también desarrollaron las artes y la filosofía. El valle era un paraíso en la tierra. Lo único que molestó a esos Dioses  visitantes era que estos hombres ya casi no hacían ofrendas  a los Dioses y hasta del mismo Zeus se estaban olvidando. Se asombraron de ver que algunos de ellos llegaban a pensar que no había diferencia entre ellos y sus Dioses.

Enterado Zeus del sacrilegio de esta gente se enfureció, acumuló su enojo por un tiempo y planeó cómo castigar a estos ingratos. Finalmente, un día llamó a los líderes del valle y con varios de sus Dioses de testigos les dijo y cito:

“Les di un poder que los ayudaría a vivir mejor, a dejar de ser pobres bestias ignorantes y lo han usado para montarse en su soberbia y pretender ser los Dioses. En castigo, les quito ese poder. Desde  hoy entrarán a  este mundo ignorantes, desnudos, con hambre y llorando.  Considérense feliz aquel que su último suspiro no sea el del llanto. Sus entrañas se perderán en el polvo y con ellas todo lo que aprendieron  en sus vidas.  Sus descendientes estarán condenados a volver a cometer los mismos errores que sus padres”.

Y, según los escritos de Hesíodo, como consecuencia de ese castigo, es que, de ahí en adelante, el hijo del pastor no nace sabiendo ordeñar las vacas, el hijo del tabernero no nace sabiendo sumar y restar, ningún hombre nace sabiendo cómo tratar a sus propios semejantes o como amar a quienes tiene a su lado. Todo eso lo han de aprender con trabajo y con dolor. Por eso es que la historia de los hombres es la repetición interminable de los mismos errores, maldades y torpezas.

La leyenda termina con Zeus diciéndoles a los Dioses menores que deben aprender de esa experiencia, que los humanos no son confiables, son solo algo mejor que las bestias.

En el King´s College pensamos que en los primeros meses  podremos publicar en la Revista “Ensayos académicos sobre literatura Helénica” los poemas mencionados  en su idioma original y con las anotaciones pertinentes.

Les agradezco la gentileza de invitarme y la atención prestada. Buenas noches.

One thought on “Los tres poemas de Hesíodo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.