Es así

De tan simple era rara.
Común, formal y, en este momento, fuera de lugar. Le tocó vivir cuando ser ordenado es un desmérito, la moral es bobera y cultivarse una antigüedad.
De estatura mediana, aroma a lavanda y piel suave. Nadie la notaba. De pocas palabras, escuchaba y sonreía y, a veces, uno intuía que algo la molestaba porque sus ojos celestes se oscurecían hasta el azul.
Su familia era distinta, todos normales, hablaban a los gritos, discutían, tenían sus dramas y los contaban sin pudor, corrían por la vida atropellados, rebotando de conflicto en conflicto.
Muerto su padre empezó a sentirse sola, aislada, fuera del mundo en que vivía.
Su mirada se dirigió al jardín y a sus aromas, al trino de los pájaros, a las caricias de su perro y a vivir con la cabeza en sus estudios. Para todos, una traga. Muy joven se recibió de médica y se especializó en geriatría.
Por ayudar a morir a los que la vida se les hacía insoportable, perdió todo y terminó en la cárcel, enfrentando a su familia que se sentía avergonzada.
En ese pozo de miserias al que fue a dar, fue una luz, fue amiga de todas las que la necesitaban, se sintió querida, respetada. Se abrió a la vida y se enamoró del abogado de oficio que le asignaron.
Cuando, al fin, quedó libre, se casaron e hicieron vida sencilla, ayudaron a vivir a los demás. Sintieron la felicidad de la entrega.

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