Alegoría

Todo había comenzado a partir de una idea que fue tomando vida propia, más propia que la propia vida, apropiándose del ser, abarcándolo todo.
Sin generar oposición ni resistencia alguna, la idea se materializó.
Hubo un momento en que el tiempo montado en su brioso corcel le ganaba a las horas muertas.
Años después, la hora acechaba con sus fauces hambrientas engullendo al tiempo.
Ensillado, me dejé llevar por caminos que no conocía al compás de una monótona y repetitiva melodía que contrastaba con fulgurantes pequeños espejos de colores.
Como piezas de engranaje defectuoso, en un vaivén, me encontraba.
Aturdida estaba mi mente, parpadeante mis ojos.
Fiel a la rueda del destino, mi alazán orgulloso sonreía con su vestidura de madera, creyendo avanzar.
Y avancé solo por el mismo umbral oscuro que me vio salir para nunca más volver a subirme al carrusel de la vida.

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