El secuestro

El hombre camina por la calle de Pocitos, zapatillas deportivas, sudadera marrón claro y lleva un ritmo firme pero tranquilo. El VW gol sube a la vereda y se atraviesa delante de él, un muchacho con la cara tapada baja y lo mete a empujones en el asiento trasero. Le pone una pistola en la cara
—Si te movés sos boleta
El VW toma la Rambla, va a más de 100 km. por hora hacia Carrasco. Cruzan el puente y entran en la Costa de Oro. Se mueven rápidamente por las calles interiores hasta que paran al costado de una casa con aspecto de abandonada.
Bajan al hombre a los golpes, lo meten dentro de la casa y lo tiran al piso en una pieza pequeña. Él se acomoda como puede, se sienta contra la pared y mira a sus captores sin mostrar demasiado asombro.
—¡Tomá! ¡Llamá tu mujer! — le dice uno de ellos entregándole un teléfono celular último modelo— decile que saque 200.000 dólares de la cuenta y espere. En dos horas la volvemos a llamar para darle instrucciones
—Se equivocan muchachos, soy soltero no tengo mujer— les dice con bastante tranquilidad.
—¡Hijo de puta llama a tu mujer o te mato!— le dice el más violento.
—Creo que se equivocaron de persona
—Creo que te voy a reventar pronto.
El mayor trata de contener al joven que está claramente estimulado por alguna droga.
—Mira viejo, este loco es capaz de cualquier cosa, nosotros queremos la plata y no te pasará nada, habla con tu mujer ahora, no seas estúpido
—Uds. se equivocaron de persona, yo no soy quien Uds. creen.
— Vos sos Gerardo Barriola Fernández, tenés un campo en Cerro Largo lleno de terneros y una cuenta con mucha guita en el Banco Itaú. Sabemos bien quien sos
—¡Se equivocan! Soy Gerardo Barriola Capdevila, ese que dicen Uds. sé quién es. Quisiera tener la guita de él pero… lamentablemente no la tengo… por qué no llaman a ese número que tienen, les contestará él mismo…
El mayor de los delincuentes disca el número. Contesta la voz de una mujer:
—Sí, ¿quién habla?
—Quiero hablar con el Contador Barriola, por favor,
—Un segundo…
—Hola, habla Barriola, ¿quién habla?
El secuestrador cuelga y mira a su socio.
—La cagamos Juan, este viejo no es.
—Y ahora… ¿qué hacemos? este nos va denunciar
El mayor mira al viejo en el suelo, saca el revólver de la cintura y lo pone sobre la mesa. El viejo ni se inmuta.
—Muchachos, me dan pena. Esta debe ser su primera vez me imagino. Tienen huevos… lo reconozco pero no tienen idea de lo que están haciendo. En primer lugar, no hicieron sus deberes sino no me habrían agarrado a mí en lugar del otro. En segundo lugar, vos manejaste como bólido por la Rambla que está llena de tiras y no te pararon de pura casualidad. Me metieron en este enterradero y dejaron un auto robado a la vista de la cana que generalmente pasa por acá. ¿Uds se creen que en esta pocilga un VW nuevo no va a llamar la atención? No sé donde aprendieron pero les falta mucho… Miren… Ayúdenme a enderezar. Denme un poco de agua. Voy a mear y después les diré como se hacen estas cosas. Si combinamos mi experiencia con la juventud de Uds. podríamos hacer un buen equipo.
Los dos secuestradores frustrados se quedan boquiabiertos. Miran al tipo levantarse con agilidad y acercarse a la mesa donde están ellos sin reaccionar
—Hay algún baño por acá o tengo que mear en un rincón.
—No…no… no hay baño.
El viejo orina en la esquina de la pieza, vuelve y se sienta en medio de los dos delincuentes
— En primer lugar tienen que saber a quién elegir, yo lo conozco al tipo ese y no creo que sea una buena elección. Se necesita elegir a alguien que pueda reunir algunos cientos de miles de dólares rápidamente. No toda la gente rica tiene la plata al alcance de la mano. Eso está en la tapa del libro
El más joven mira a su socio y dice a gritos— ¡a este coso hay que matarlo! No te das cuenta que nos denuncia apenas salga de acá. Este debe ser tira.
El mayor se levanta y lo agarra con firmeza del brazo y lo lleva a la puerta de la pieza, —Vení. Vamos a hablar solos, no seas estúpido.
El viejo queda solo en la mesa.
El muchacho en la otra pieza comienza a insultar a su amigo, cuando se da cuenta del error y vuelve a la pieza en un salto.
Pero ya es tarde, el viejo tiene el revólver que él había dejado y los apunta a los dos.
El muchacho mira el cañón de su propio revólver. Era la primera vez que miraba un arma del lado incorrecto. El proyectil le entra por la mandíbula destrozándola y atraviesa la base del cráneo. Su compañero no llega con su mano a tomar la pequeña pistola en su bolsillo. El primer impacto le da de lleno en el pecho y lo hace trastabillar, el tiro de remate le dio en la frente.
El veterano se levanta lentamente, mira alrededor suyo con atención para ver si hay algún objeto que pueda identificarlo a él. Guarda el revólver en un bolsillo. Abre la puerta con un pañuelo en la mano y se retira caminando hacia la Rambla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.