Desde el más allá

Galopando desbocado viene en su brioso corcel negro. Envueltos pasan ambos entre una niebla tenebrosa y gris.
Cubierta lleva todo su ser como una sombra perpetua en la oscuridad.
Estaba, el cielo de la noche, abrumado por el miedo y sin brillo.
El viento audaz intentó con su furia inclemente no dejarle pasar.
Pero el miedo siguió alastrándose sin piedad.
Ella, traicionera y paciente, acecha agazapada esperando silenciosa el momento de su triunfo.
El tiempo de pronto se detuvo bajo una quietud misteriosa.
Se sintió un silencio perturbador de un aterrador y desconocido sonido.
Pasos maquinalmente apresurados del corazón, que se agita y agota.
Reina de las sombras, tus pasos ya se han ido esfumando, porque vuelves llena de regocijo con lo que has venido a buscar para llevártelo a tu mundo sin vida.

Dominado

Tanto lo aterraban los sueños, que le tenía miedo a la noche.
Los tragos le daban coraje pero lo tiraban en la dormidera que lo hacía perder el control de sus actos y caer en las garras de su conciencia.
La mañana era dura. Entre la angustia, la resaca y el dolor de cabeza costaba levantar ese cuerpo que lo acompañaba hacía tanto tiempo. Lo lograba porque desde el fondo de no sabe qué lugar del cerebro una vocecita se acercaba a ayudarlo diciéndole
“No sos pobre, ni vas a serlo más”.
Eso provocaba una descarga de energía y prendía el motor de su desmedida ambición. El cuerpo se sentaba en la cama y hasta ahí llegaba. Despacio el líquido vital lo recorría lentamente, cada órgano del viejo iniciaba el día.
A medida que se enderezaba atrincheraba los temores y se desataba el demonio que creció con él, desde que sintió a su madre llorar de hambre.
Con el estudió, no hubo revés de la vida que lo detuviera, no se permitió sentimientos, ni piedad, solo amó a su madre.
Crecieron en él la avaricia, la envidia y el rencor.
Ahora, rico, viejo y solo, los fantasmas le arruinaban las noches y los días eran cada vez más cortos.

La inyección

No soy adicta, pero la necesito.
Cuando su efecto se va perdiendo, diluyéndose e incorporándose a mi ser, nace en mi interior el hambre de una nueva experiencia.
Inicio entonces un período de búsqueda de nuevas realidades y recorro el camino de la selección.
Son mi corazón y mi mente las que deciden donde encontrarlas. Mi vida entera se involucra, inciden antepasados, sueños, lecturas y vivencias miles para tomar la decisión e iniciar el trayecto.
A medida que se transita, desde el inicio todo se revuelve y la mente se aleja de la realidad permitiéndose volar a otras épocas, tener vivencias históricas, sentir que vivís otras vidas, soltar las amarras y los momentos mágicos suceden.
Golosa, aprovechás cada minuto y lo grabás para siempre, te acercás a héroes y villanos, a pueblos, mitos, leyendas y artistas.
Permitís que la emoción te inunde. El cuerpo se agota.
Sentís entonces que debés volver a tu lugar en el mundo.
Has tenido la dicha de recibir una inyección de vida. Ahora a saborear sus efectos.

La venganza

Iba a un colegio de niñas. El grupo se mantuvo igual, salvo algunas excepciones, desde primero de escuela hasta cuarto de liceo. Después se dispersaron.
Durante esos años cada una fue buscando, de acuerdo a sus afinidades, admiración o rechazo sus preferencias y se formaron cuatro o cinco núcleos. Algunos totalmente independientes no se mentían con nadie. Otros eran antagónicos y así lo demostraban en todas las oportunidades posibles. A tan temprana edad no se es consciente de las heridas que producen actos gratuitos pero el persistente enfrentamiento entre la dulce niña linda aristocrática y graciosa y la brillante inteligencia de una fealdad desabrida, crea una herida que se vuelve incurable y lo infecta todo.
Terminó el liceo y la vida esparció la juventud entre la sociedad y de la infección nació el inconsciente encono dirigido hacia todo lo que ambas representaban. Aunque la niña fea se convirtió en una mujer interesante siempre se sintió menos que los demás y su compañera quedó en ama de casa sin brillo pero con una vida conforme con su persona.
Así crecieron y formaron sus familias. Llegó el día en que la Dra. Profesora Adjunta de la Cátedra de Derecho vio en la lista de alumnos ese apellido nunca olvidado y averiguó quien era para confirmar el origen que iba a ser su fin.
La oportunidad de una venganza había llegado y decidió ejecutarla despacio y con saña. Lo estudió detenidamente y encontró sus lados flacos. Los hizo notar a los catedráticos e inició el proceso de aniquilamiento. Siempre se puede. Jugó con él como el gato con el ratón. Le fue minando la seguridad y la autoestima, haciéndolo objeto de burlas, dejándolo en blanco hasta que ese joven risueño se volvió taciturno, de erguido en encorvado y con manos temblorosas. Le aplastó la vida. Era el hijo mayor y el único varón, orgullo de la familia y sin siquiera saber la causa lloraron su destrucción, solo quedó una sombra que amargó a su madre el resto de su vida.

Golpea en la fragua el pobre poeta

Golpea en la fragua el pobre poeta
la idea maldita que no toma forma.
No puede con ella, se siente vencido
¿Será tan difícil expresar esa idea
que le cante al mundo lo que él padece
A nadie le importa
por qué sufre el poeta
A nadie le duele
lo que él padece
Pero…
persiste el pobre poeta
la idea esboza,
sus dolores pasados cuenta.
sus viejos amores canta,
sus eternos temores confiesa,
….aun presentes.

La casa rosada andaluza

Qué sueños soñó, la casa andaluza…
…cuando codició rodearse de sol
Qué sueños albergó, la casa andaluza…
…cuando deseó cubrirse de rosado.
Qué sueños aquilató, la casa andaluza…
…cuando anheló sus celosías abiertas
Qué sueños imaginó, la casa andaluza…
…cuando se envolvió con jardines florecidos.
Qué sueños auguró, la casa andaluza…
…cuando se elevó al mundo ilusionada
Qué sueños infinitos despierta soñó…
…cuando cruzó el portal de la vida.
En su jaula de oro…
…perdida en el laberinto de las habitaciones…
… de los sueños de sus propias pasiones,
…se encuentra…
…hurgando en algún cajón del alma…
…los sueños perdidos…
…en la casa rosada andaluza.

A la mar partió

Aquella gris y fría mañana.
Arrastrando el naufragio de la barca de la vida.
a la mar llegó.
Frágil y pequeña, envuelta en su tul de ilusiones,
su barca a la mar se hizo.
Izando la bandera de la esperanza en mil mares navegó.
Liviana va de peso, sin más peso que su ser.
En su barca de papel, despojada de su alma, rumbos buscó.
Sin miedos iba junto a su soledad.
Buscando en ese vasto e infinito océano de su mundo
la llave del tesoro que alberga su perdido interior.
Muchas tierras conoció
en pocas se quedó.
Esperando, tal vez, que las vueltas de marea
le traigan las riquezas del corazón que algún día anheló.

Hiel

Bajo el cielo invernal,
acurrucado y adolorido,
se quedó sin poder cantar.
Aguardando el alba,
inerte yace,
despojado de la tibieza,
del sol que no vendrá.
Fosco,
como la espesura del bosque,
fue quedando su tornasolado color.
Dicen que herido en el alma
cantó antes de morir
el último trinar del crepúsculo.

Una mañana lluviosa

Un hombre camina varias cuadras bajo una lluvia torrencial. Tiene puesto un sobretodo y lleva un maletín en una mano. En la otra tiene un paraguas, pero lo mantiene cerrado. Al llegar a una esquina, para un taxi y sube.

Cuando están frente a la puerta de una fábrica, el hombre se baja y entra al edificio. El portero lo saluda y el hombre, que camina mirando el piso, no le contesta. La telefonista también lo saluda y el hombre tampoco le contesta. Abre la puerta de su oficina y su secretaria se acerca asombrada de ver a su jefe empapado.

— ¿Tanto llueve señor? Permítame sacarle el abrigo y colgarlo en el baño. ¡Estará congelado!

—Gracias.

El hombre entra a su escritorio. Deja el maletín en el piso y se queda mirando absorto al escritorio vacío.

—Le traeré un cafecito señor.

—Bueno, muchas gracias.

La secretaria se retira. El hombre abre el primer cajón del escritorio. Junto a una caja de madera se recuesta un revolver Colt. El negro azulado del empavonado del arma se destaca contra el nogal lustrado de la caja. El hombre se queda quieto mirando el contenido del cajón. En ese momento, entra su secretaria con el café; la asusta la palidez de la cara de su jefe y la sensación de total fracaso que trasmite.

— ¿Pudo ir a la reunión con los abogados señor?

—Sí…sí… vengo de allí— dice el hombre y su cara se ensombrece aun más.

La muchacha se retira angustiada.

El hombre sigue sin moverse mirando el cajón abierto. La secretaria abre nuevamente la puerta y entra con un sobre en la mano.

—Señor, este sobre lo enviaron del Banco por mensajería, supongo que es por el asunto del que Vd. preguntó ayer.

El hombre toma el sobre y lo deja sin abrir sobre el escritorio. La secretaria se retira.

Él mira el sobre indeciso. Finalmente, lo abre lentamente, saca la hoja y la lee temeroso.

Ahora el timbre suena en el escritorio de la secretaria, ésta se levanta y entra al despacho de su jefe. La escena la sorprende un poco.

El primer cajón sigue abierto, el Colt sigue en su lugar, la caja de nogal está ahora sobre el escritorio y una pequeña botella con la etiqueta de color azul está abierta. El vaso de cristal tallado está a medio llenar de líquido ámbar.

—Por favor, archive esta carta con los papeles del banco.

Cuando la secretaria esta guardando la carta lee el párrafo final.

“…en la reunión del Directorio del día de ayer se decidió acceder a la solicitud de esa empresa de duplicar el monto de su línea de crédito lo que se hará efectivo a partir del día de la fecha. Nos complace anunciarles esta decisión y quedamos a sus gratas órdenes.

Atentamente, Henry Rowan

Blanquita

Salieron de la fiesta aletargados. Ella, antes de subir al auto, se bajó el cierre del costado del vestido que saltó hacia adelante liberando al estómago que estrujado hacía la digestión de la boa.

Se tiró en el asiento y miró a su marido que despacio estiraba una pierna, se sentaba y miraba la otra estudiándola para detectar si podría entrar también en el espacio que le quedaba. Cumplida la tarea, se agarró del volante y acomodó el traste en el asiento dándose contra el volante.

Una vez instalados arrancó corcoveando.

—Anda despacio, está lleno de zorros— sargenteó en un suspiro.

La mano derecha le temblaba cuando quería hacer los cambios.

El coche sufriendo empezó a recorrer la ciudad. Surcaron las calles vacías por suerte. La noche era clara y hasta la luna los quiso ayudar pero, un pestañeo alargado por el alcohol, los terminó tirando contra el cantero del medio, dieron varias vueltas y, finamente, se estrellaron.

Quietos quedaron los dos.

Estallaron los tambores.

— ¡Mamá! ya empezaron. Nos están llamando—la niña bailaba alrededor de la fuente del patio — ¿Sentís el tamborileo?

—Blanquita, ya voy.

—Baja, baja que los pierdo.

—Están calentando nena —decía mientras se acomodaba bajando la escalera.

Salieron las dos, recorrieron la angosta calle que parecía un zaguán apretadas con otros. Casi no la dejaban bailar. Se integraron a la placita que era el centro del baile.

Ahí, Blanquita voló al medio donde el fuego, el humo y la locura general impedían ubicarla.

—A esa niña le tira la sangre de África. Del padre tiene solo la piel.

Mientras creció bailaba tan bien que le perdonaron su color.

Otra vez un blanco irrumpía llamándola. Ella no quería volver, se aferraba a la delicia de su pasado lejano.

“Que me dejen” pensó “no fueron suficientes un padre y un marido. Éste de blanco ¿qué quiere?”