Una mañana lluviosa

Un hombre camina varias cuadras bajo una lluvia torrencial. Tiene puesto un sobretodo y lleva un maletín en una mano. En la otra tiene un paraguas, pero lo mantiene cerrado. Al llegar a una esquina, para un taxi y sube.

Cuando están frente a la puerta de una fábrica, el hombre se baja y entra al edificio. El portero lo saluda y el hombre, que camina mirando el piso, no le contesta. La telefonista también lo saluda y el hombre tampoco le contesta. Abre la puerta de su oficina y su secretaria se acerca asombrada de ver a su jefe empapado.

— ¿Tanto llueve señor? Permítame sacarle el abrigo y colgarlo en el baño. ¡Estará congelado!

—Gracias.

El hombre entra a su escritorio. Deja el maletín en el piso y se queda mirando absorto al escritorio vacío.

—Le traeré un cafecito señor.

—Bueno, muchas gracias.

La secretaria se retira. El hombre abre el primer cajón del escritorio. Junto a una caja de madera se recuesta un revolver Colt. El negro azulado del empavonado del arma se destaca contra el nogal lustrado de la caja. El hombre se queda quieto mirando el contenido del cajón. En ese momento, entra su secretaria con el café; la asusta la palidez de la cara de su jefe y la sensación de total fracaso que trasmite.

— ¿Pudo ir a la reunión con los abogados señor?

—Sí…sí… vengo de allí— dice el hombre y su cara se ensombrece aun más.

La muchacha se retira angustiada.

El hombre sigue sin moverse mirando el cajón abierto. La secretaria abre nuevamente la puerta y entra con un sobre en la mano.

—Señor, este sobre lo enviaron del Banco por mensajería, supongo que es por el asunto del que Vd. preguntó ayer.

El hombre toma el sobre y lo deja sin abrir sobre el escritorio. La secretaria se retira.

Él mira el sobre indeciso. Finalmente, lo abre lentamente, saca la hoja y la lee temeroso.

Ahora el timbre suena en el escritorio de la secretaria, ésta se levanta y entra al despacho de su jefe. La escena la sorprende un poco.

El primer cajón sigue abierto, el Colt sigue en su lugar, la caja de nogal está ahora sobre el escritorio y una pequeña botella con la etiqueta de color azul está abierta. El vaso de cristal tallado está a medio llenar de líquido ámbar.

—Por favor, archive esta carta con los papeles del banco.

Cuando la secretaria esta guardando la carta lee el párrafo final.

“…en la reunión del Directorio del día de ayer se decidió acceder a la solicitud de esa empresa de duplicar el monto de su línea de crédito lo que se hará efectivo a partir del día de la fecha. Nos complace anunciarles esta decisión y quedamos a sus gratas órdenes.

Atentamente, Henry Rowan

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