Hiel

Bajo el cielo invernal,
acurrucado y adolorido,
se quedó sin poder cantar.
Aguardando el alba,
inerte yace,
despojado de la tibieza,
del sol que no vendrá.
Fosco,
como la espesura del bosque,
fue quedando su tornasolado color.
Dicen que herido en el alma
cantó antes de morir
el último trinar del crepúsculo.

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