El goleador

Varios chicos juegan a la pelota en un potrero. Uno de ellos está parado en medio de la cancha, inmóvil; el juego se desarrolla a su alrededor, sin que nadie le pase la pelota ni lo increpe por su inacción.

El chico sale de la cancha, camina pausadamente y entra a una casa.

En la cocina,  una señora pone tres platos en  la mesa y llama a una chica para cenar. Ella se sienta  y la señora sirve dos platos de polenta. El chico pasa frente a la mesa y se dirige a un dormitorio sin que nadie hable con él. La señora y la chica cenan en silencio. El tercer plato queda vacío. Después de comer, la señora guarda el plato y los cubiertos no utilizados.

La chica se va a su dormitorio; su cara refleja angustia. La señora entra a otro dormitorio. Las paredes están cubiertas con fotos de jugadores de fútbol famosos, sobre una mesita hay una pelota con una firma. De un perchero, cuelga una guitarra eléctrica demasiado nueva. La señora abre un poco la cama y enciende la luz, se retira del cuarto y se va a su dormitorio. Se acerca a la cómoda que tiene un portarretrato con la foto de un muchacho vestido con equipo de fútbol y un pelota bajo el brazo, enciende una vela nueva en un candelero al lado de la foto, reza un Ave María y se acuesta. Sobre la mesa de luz reposan dos libros: La Biblia en la Nueva Versión Romana de la Vulgata  y el “Libro de los Espíritus” de Allan Kardec.

El chico vuelve a salir de la casa y camina hacia la cancha de fútbol. Es una noche muy oscura.

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