Verano

Entornadas permanecen aún con su abrazador calor, las puertas estivales.

En un intento por quedarse, el verano va prolongando las horas del día.

Entonces,  en la cima del cielo azul, el sol resplandece con más luminosidad.

Cuando la noche lo llama a dormir, se va con su manta naranja por temor a enfriarse.

Despacito para no asustarlo, el telón de la noche va cubriendo su luz.

Y él arrullado se deja mecer en un mar de bostezos.

Entusiasmando por tanto esplendor, el verano, al intruso, no lo vio llegar.

Sigiloso y travieso, el otoño una rendija encontró.

Aplacando con su borrasca despiadada la viva llama del sol.

Por temor a extinguirse, el sol partió para brillar con intensidad en otras tierras.

Ya no están más entornadas las puertas estivales porque el viento arremolinado las abrió de par en par.

Y él reinó austero con su frescura otoñal en su castillo de hojas secas.

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