Despedida

Al salir del cementerio, el sol lo deslumbró. Sus ojos humedecidos se habían acostumbrado a la sombra de los altos cipreses. Los abrazos se sucedieron,  agradeció todas las palabras de apoyo aunque algunas casi ni las escuchó. Amigos, familia y conocidos se alternaron para  expresarle que compartían su dolor. El encargado del cortejo le indicó el auto que lo llevaría a su casa pero él hizo una señal con su cabeza y se alejó de la puerta caminando. Los amigos comprendieron y lo dejaron irse solo. Caminó varias cuadras sin percibir el ruido del tráfico a su alrededor y, al llegar a la esquina, tomó hacia el mar.  Se detuvo en una especie de parque detrás del cementerio donde un destartalado banco enfrentaba el mar.

Sentado de espaldas  a los muros, dejó su mente divagar mientras sus ojos miraban ese enorme escenario donde a nadie le importaba lo que él había perdido.  El cielo era profundamente  azul, apenas salpicado de copos de nubes.  Al fondo de la escena, unos barcos inmóviles parecían clavados en el mar. La línea entre el agua y el cielo era  difícil de definir.

Por la rambla, un río de autos  pretendía  convencerlo de que la vida continuaba, de que no se había terminado con la ceremonia que vivió detrás de  esas paredes. Pero él no estaba seguro, habría realmente otra vida por delante  o sería  sólo una espera a la próxima  ceremonia en la que él fuera el  homenajeado.

… duele pero no sé bien qué es lo que duele…pero no sé dónde… debe ser eso que llaman  alma, sí debe ser que me duele el alma… no duele como una herida o como… en  realidad… no sé si es dolor… más bien es una especie de vacío… sí vacío, eso es… vacío…

Unos muchachos pasaron por la calle en bicicletas gritando y riendo, parecían muy felices.

yo también tuve mis risas… sí… hace tiempo… mucho tiempo realmente.

Los barcos seguían  en el fondo del paisaje. El cielo había cambiado de celeste brillante a casi azul  oscuro mientras comenzaban a aparecer  unos puntitos que debían ser las estrellas.

… nunca se ven estrellas de día… debe ser que es  tarde… si debe ser eso… los autos  tienen las luces encendidas… el cielo está más oscuro… se está haciendo de noche… tendría que volver…

Un perro de raza indescifrable con un ojo rodeado de una mancha negra y el resto del cuerpo envuelto en sucio pelambre se sentó frente a él a mirarlo… como esperando algo.

— ¿Qué buscas? Yo sé que  debés de tener hambre pero no tengo que darte.

Uno de los barcos había desaparecido. En el otro se veían titilar algunas luces. El color del cielo era ya un profundo azul. El mar lucía negro marcando claramente el horizonte. Le parecía que las luces de la interminable fila de autos sonaban a vida.

y siguen… si para ellos nada pasó… siguen con sus cosas… con sus apuros… algunos con sus alegrías… otros con esa ilusión de que son inmortales… de que a ellos no les…

El perro se sentó a su lado casi tocando sus piernas.

—Se nota que vos también te has quedado solo, seguime tal vez quedó algo en la heladera.

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