El escribiente

Se sentía mal, muy mal con ese trabajo que desempeñaba  en el Ministerio de Educación.  Mirado desde afuera, por cualquiera que no supiera  su verdadera tarea, parecía un empelado administrativo como tantos: sentado frente a un escritorio, tecleando sin cesar frente al monitor de la computadora y de vez en cuando ir por un café o levantarse para charlar  con sus compañeros.

No atendía al público,en realidad  todos leían sus documentos, pero no conocían su rostro.

No era amigo personal del Ministro pero sabía que éste lo tenía en gran estima y confiaba en sus cualidades profesionales.  Lo que sí le preocupaba era la fama que estaba cobrando entre la gente especialmente entre los directores de escuela, profesores y maestros.

Rodríguez el de la oficina contigua a la suya le había dicho el otro día:

—Che… ¿sabés como te andan diciendo por ahí?  Inquisidor o algunos dicen Anonymus… en el gremio docente ya es vox populi que vos hacés el trabajo sucio para las autoridades… ¿qué me contás?¿ todos hablan de vos no? …y todo eso sin salir de estas cuatro paredes.

Abatido, apoyo los codos sobre uno de los libros con el que estaba trabajando y sostuvo su cabeza con ambas manos en un claro gesto reflexivo.

Sentía que se había traicionado a sí mismo, él un librepensador, un escritor con años en su oficio se había vendido por conseguir una mejor posición económica,creía que era un cobarde, un prostituto.

Acarició algunos de los libros esparcidos sobre la mesa y fue repasando sus autores: los hnos. Grimm,  Perrault,  Andersen  a ellos también los había traicionado. Les pidio perdón en silencio a esos grandes maestros por haber estado todos estos años haciendo burdas adaptaciones de sus cuentos.

Recordó su primera entrevista con el Ministro

la idea es que  como uno los objetivos para la educacion en este trienio es abatir todo estereotipo o discriminación que pueda expresarse en cualquier producción artística, tú puedas encargarte de revisar toda la literatura infantil y hacer nuevas versiones de los cuentos en donde aparezcan expresiones políticamente correctas.

Al otro día sus compañeros del ministerio lo vieron trasladar  gruesas pilas de libros a su oficina y leer en forma ininterrumpida por varias horas.  Las páginas se iban llenando de aclaraciones al margen, subrayados y al igual que un cirujano, el escribiente iba eliminando o corrigiendo aquellas expresiones infectadas que pudieran dañar a todo el sistema. Luego, ya frente a la pantalla, abría un nuevo documento con la versión saneada, edulcorada y tibia de los cuentos clásicos infantiles ya preparados para ser leídos o contados a los aún inocentes oídos de los niños.

Para ellos soy un héroe pensó, imaginando al Ministro y consejeros. No tienen idea del gran esfuerzo que me llevó todo esto, prácticamente tuve que reescribir todas las obras clásicas de la literatura universal infantil. Ahora que lo pienso… se me paga  muy poco por esta tarea. Tuve que leer por horas y horas, Blancanieves, Cenicienta, Pulgarcito , Hansel y Gretel y mil títulos más…y extirpar como si tuviera un bisturí…no saben la cantidad de ideas peligrosas que encontré…xenofobia, machismo, canibalismo, incesto, racismo, violencia de género, bullyng  y un montón más de horribles alusiones.

Deberían agradecerme públicamente, si, en verdad eso es lo que merezco, salir en televisión y que las autoridades me presenten… destaquen mi fiel servicio a la comunidad y reconozcan que gracias a mis nuevas versiones de los clásicos los jóvenes podrán convertirse en ciudadanos correctos y amables.

Pero… ¿qué estoy pensando? Eso nunca va a suceder, voy a pasar a la historia como un  simple funcionario estatal que plagió cuentos tradicionales  que hicieron felices a nuestros padres y abuelos pero que nuestras actuales generaciones  nunca conocerán sus versiones originales por ser inadecuados para el nuevo ideal de ciudadano.

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