Había una vez…*

Habían una vez, hace muchos años, tres dioses que dominaban el Universo, Anu reinaba en el cielo, Enlil era el señor de la tierra y Ea era la reina de las aguas. Convivían en paz y el Universo era un paraíso.
Enlil tenía que hacer producir la tierra. Para eso, le habían asignado un grupo de Dioses menores que debían trabajar bajo sus órdenes. Enlil los obligaba a labrar la tierra, cosechar el grano y atender a los animales.
Un día, esos Dioses se negaron a seguir trabajando y Enlil no supo qué hacer, entonces consulto a Anu y Ea. Juntos decidieron crear una especie nueva que fueran parecidos a los Dioses menores pero mortales y que dependieran de su ingenio y trabajo para sobrevivir.
De allí en adelante los nuevos seres, a los que llamaron humanos, se ocuparon de trabajar. De esa forma, los Dioses pudieron vivir en paz y descansados.
Los humanos con el tiempo se reprodujeron y se pusieron insolentes, tanto que a los Dioses les llegó a molestar.
Enlil, muy enojado, produjo una gran sequía para deshacerse de ellos y sólo cuando quedaban muy pocos vivos les envió las lluvias salvadoras. Muchos siglos después, cuando los humanos volvieron a ser demasiados, creo un diluvio universal y eso los contuvo otra vez, por un tiempo.
Anu, quien en el cielo nunca tenía mucho que hacer, se dedicó a pensar una solución definitiva para esta molestia recurrente y les dijo a Enlil y Ea.
—Yo me ocuparé de estos seres, les daré algo que los mantendrá a raya para siempre.
Y entonces el Dios les metió a los humanos en sus cabezas la envidia, el odio, los celos, la ambición y el desprecio por sus semejantes. De esta forma, consiguió que los humanos se combatan y destruyan entre ellos, permitiendo que los Dioses puedan seguir disfrutando su eternidad en paz.

*Basado en el mito de Atrahasis

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