En una guerra todos perdemos

Juan había ejercido desde hace 12 años como profesor de historia, era un apasionado de su trabajo y dedicaba muchas horas y preparaba sus clases con mucho gusto. Ese domingo, se dispuso a organizar los temas para el lunes y, entre libros y apuntes, pensó en Siria. Esa nación de Medio Oriente gobernada desde 1970 por la familia de Basher Al Asad. Desde el año pasado, se había iniciado una represión del gobierno contra los activistas que exigían libertades políticas y civiles y prosperidad económica. ¡Qué tema! pensó, ¿quién no querría prosperidad económica y esas libertades? parecía casi utópico. Estos reclamos desencadenaron una guerra civil que hasta el mes de julio de este año y según informes de la ONU se habría cobrado 17.000 vidas y, además,  otros 170.000 sirios habían buscado refugio en países vecinos como Iraq, Turquía y Jordania. Se le ocurrió que era un buen ejercicio para su clase el plantear un debate sobre la amenaza de ataque a Siria por parte de EE.UU. Eso le permitiría tocar un tema de actualidad, conocer cómo razonan sus estudiantes y, principalmente, estimular sus mentes abiertas a los temas que afectaban a nuestro mundo. Eso en sí era educar para él, tratar de darles herramientas para que pudieran forjar sus propias opiniones.

Entusiasmado, entró al salón donde ya lo aguardaban varios estudiantes a pesar de que faltaban 5 minutos para el comienzo de la clase.

Una vez se cerraron las puertas del aula, con ansias de cómo iban a reaccionar ante semejante propuesta, la expuso:

—Hoy, la idea chiquilines es que puedan formar grupos, les voy a dar unos minutos de tiempo para que se organicen y armen la idea, luego cada grupo la expondra a toda la clase. La consigna es que puedan dar argumentos a favor y en contra del ataque a Siria, al terminar podremos debatir las ideas pero las conclusiones se las van a guardar para cada uno, lo que discutiremos aquí son solo argumentos no conclusiones ¿está claro? Comiencen ya…

 

Vio con agrado como la propuesta había tenido el efecto que él esperaba y disfrutó sentado en su escritorio de cómo sus estudiantes tenían charlas algunas silenciosas y otras más acaloradas, todo servía. Pensar nos hace libres y sonrió al decir para sus adentros una frase tan trillada pero tan cierta.

 

Transcurridos los minutos asignados para la preparación del ejercicio se dispuso a hacer las veces de moderador.

Como era casi obvio el primer estudiante delegado del grupo que debía buscar argumentos favorables del ataque se levantó y habló hacia la clase

–                    EE.UU cree que se están usando armas químicas, ellos tienen una responsabilidad moral ya que las armas químicas están prohibidas por la ley internacional. Es una acción a favor de la democracia, si no se tomara este tipo de medidas cualquiera más allá o más acá puede imitar la acción de Al Asad.

–                    Me parece muy buen punto— agregó orgulloso de los conocimientos de sus aprendices— continúen por favor.

–                    Pensamos además que no atacar a Siria provocaría una inestabilidad mundial.

–                    ¡No queremos que cometan otro error como con Iraq! – se escuchó desde el centro del otro equipo

¡Bien! pensó Juan, ¡Justo lo que quería lograr!¡Comenzó el debate!

–                    ¿Por qué piensas en Iraq?—preguntó Juan al alumno y dirigió su mirada al grupo opositor— ¿tienen algo para refutar…?

–                    Siria no es Iraq, los servicios de inteligencia de EE.UU. han analizado y escudriñado todas las pruebas una y otra vez. A Iraq se lo invadió para comprobar si eran cierto los datos de que existían allí armas de destrucción masiva pero, en este caso, ya se sabe que existen y además las están usando. Por eso creemos que la intervención de EE.UU. en este tema es de suma importancia para no crear antecedentes de que pueden violarse leyes internacionales y que nadie va a reaccionar.

–                    Como no podemos apagar fuego con fuego tampoco podemos mantener una democracia y parar una guerra con guerra — agregó una integrante femenina del otro grupo— además las encuestas dicen que los estadounidenses no apoyan el ataque.

Otro integrante del grupo que había trabajado sobre la argumentación en contra del ataque a Siria intervino y se dirigió al alumno expositor del grupo contrario:

–                    Tú decías que no atacar iba a tener como consecuencias inestabilidad mundial, nosotros pensamos que sería muy por el contrario, el hecho de un inminente ataque provocaría esa inestabilidad mundial ya que este ataque podría provocar a Hezbolá a atacar a Israel ¡en represalia! Con el refuerzo de posiciones militares enviadas de EE.UU hacia el Mediterráneo Occidental y con Rusia defendiendo a su único y acérrimo aliado árabe, Siria, podrían cumplirse las nefastas predicciones sobre una Tercera Guerra Mundial— concluyó.

Ya había sonado el timbre que avisaba de un recreo para tanto movimiento de neuronas pero nadie había abandonado su lugar y miraban a Juan como buscando una palabra de aprobación o no con respecto al ejercicio.

Se oyó una voz que resumió el hecho:

–                    ¿Y  Profe? ¿cómo lo hicimos? ¿quién ganó?

–                    Chicos en una guerra todos perdemos…

… y con esa reflexión todos salieron del salón, algunos se dirigieron al patio, otros a la cantina y otros caminaron por los pasillos pero todos, absolutamente todos, se fueron hablando del ejercicio realizado en clase y sacando sus propias conclusiones y sobre todo pensando la última frase de su Profesor

 

EN UNA GUERRA TODOS PERDEMOS…..

¿TODOS…?

 

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