Rutina

Casi siempre llegaba tarde a casa, ese día no era la excepción. Revisó la contestadora casi instintivamente y, a pesar de que en la pantalla se veía el cero en rojo intenso, presionó el botón para oír: “Usted no tiene mensajes nuevos”
Trató de prepararse algo rápido para comer ya que no le gustaba cocinar y menos para ella sola.
Se tiró en el sillón, encendió la televisión como para tener algún ruido en la casa y comió el sándwich de atún que en una demostración absoluta de falta creatividad culinaria se había armado.
Caminó hacia el baño y giró el grifo para que la lluvia fuera cayendo mientras se desvestía para tomar un cálida y reconfortante ducha. Era un placer que se reservaba para el final del día.
Se tomó su tiempo, disfrutó de cada chorro de agua cristalina que caía por su cuerpo en forma de caricias.
Al salir, revisó nuevamente la contestadora. Esta vez solo con mirarla le bastó. Fue a la cocina y se sirvió una generosa copa de vino, bajó el volumen de la televisión pero no la apagó, encendió el equipo de música, trató de encontrar algo que le levantara el ánimo, ¡Maldita soledad! gritó para sus adentros.
Sin soltar la copa, pasó su mano por la biblioteca intentando con el tacto encontrar allí algún refugio, tomó un libro y lo abrió, leyó algunos párrafos sin prestar verdaderamente atención a lo que decían, en ese momento, eran solo palabras. Se levantó bruscamente y fue hacia el sillón donde había dejado su bolso, tomó el celular, no tenía llamadas perdidas, ni mensajes, ni nada… ausencia… sólo ausencia…
En un impulso, marcó el número, el número de él, dejó sonar hasta que la contestadora se ocupó de lo que él debió ocuparse, no dejó mensaje, no valía la pena.
Decidió que lo mejor era acostarse, al fin y al cabo, ya era tarde y al día siguiente… Al día siguiente, pensó sin encontrar como terminar la frase.
Tomó el pastillero y se tragó un par de pastillas con el vino, sería mejor buscar ayuda para poder dormir, se recostó en el sillón, dio unas cuantas vueltas, se levantó y decidió servirse otro poco de vino para ayudar a atraer el sueño, apagó la música y la televisión, solo dejó encendida la lámpara de pie que daba un aspecto penumbroso al living, miró, como de pasada, la contestadora casi culpándola de no tener nada para calmar su dolor. Tomó una vez más el pastillero y, con un gran buche de vino, pasaron por su garganta dos, tres… quizás más pastillas. El sueño no venía. Su celular estaba sobre la mesa y volvió a marcar el último número, pero no obtuvo respuesta, se recostó en la alfombra y el sueño… no venía, que espera insoportable. El sueño… El sueño… no venía. Sintió como su cuerpo ya no le respondía, apoyó la cabeza y dejó caer la copa de vino derramándolo. Escuchó su celular sonando como a lo lejos, cada vez más lejos… Ella ya no podía moverse. Cerró sus ojos. Lo único que le quedaba era esperar la muerte…

4 thoughts on “Rutina

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.