Pantalla en blanco

La computadora está con su pantalla en blanco. Cómo mi mente. Hace tres días que sucede lo mismo. Y cada noche me acuesto con una terrible sensación de vacío, como si esa pantalla abierta a ser transitada por todo tipo de palabras y conceptos, por un relato único e irrepetible, desembocara en un estrepitoso vacío blanco. Ya no es una pantalla de PC luminosa y oferente, es un hueco a la nada, es un punto blanco repelente, es la antítesis del agujero negro galáctico. Siento algo así como un desierto cósmico. Uno no entiende, nunca sospecha, que cualquier acto cotidiano, hasta benigno e inocente, puede convertirse en algo tan frustrante y bochornoso.
El miércoles de la semana pasada, hace justamente una semana, caminaba feliz y segura hacia mi clase de Taller Literario. Iba con el regocijo interior que nos da estar en el lugar adecuado en el momento justo de nuestras vidas. Esa coincidencia de ajuste, de que algunas cosas están dónde deben estar y dónde uno encaja con regocijo. Ese sentimiento sensual por lo placentero del contacto con los libros y el mundo de las ideas, del compartir lo bello con otros seres con un mismo fuego. Me planteaba lo importante que es para mí escribir, y hacerlo lo mejor posible. ¿Por qué este rigor? Si en mi vida personal soy tan permisible y suelo cometer errores terribles que autojustifico enseguida con cualquier trivialidad que me libere de culpa. Este miércoles desembocaría en una gran frustración que yo no sospechaba.
“Para el miércoles que viene los deberes serán…” dijo la profesora, y nos explicó con detalles.
En ese momento no tuve miedo, los demás creo que tampoco. Ella se esmeró en que entendiéramos, y yo entendí.
Imbuida de buena lectura y de gratas sensaciones caminé hasta mi casa. Enseguida tuve una idea para hacer el ejercicio, pero la deseché dos cuadras antes de llegar a mi casa. Al otro día, estuve muy ocupada, apenas adelanté en el libro que estoy leyendo. Después vino el fin de semana y mi atención se dispersó. De vez en cuando, pensaba en los deberes señalados pero… era de vez en cuando. En realidad, estaba a la espera de esa inspiración que nos toma por asalto, esa que aparece sin esfuerzo, cuando menos lo pensamos. Esas son las que amo. Pienso en que no pensar es el estado ideal de cualquier inspiración. Confío más, mucho más en mi inconsciente que en mi intelecto.
Mmmm, enseguida me cuestiono. ¿Será pura haraganería? Es que me da mucho trabajo pensar. Tiendo a vivir a impulsos. Hago, después pienso. Mirando hacia atrás confirmo lo que acabo de escribir. Lamentable, ¿no? ¿Acaso puedo confiar en mí a esta altura de mi vida? Cuando todos tienden a tener las cosas claras y en orden, a mí se me revuelven las emociones todos los días un poco más. Como ahora, después del inofensivo miércoles pasado, dónde lo último que yo quería era confrontarme conmigo misma y llegué inocente y feliz a clase.
¿O será ésta la intención maligna de la profesora? ¿Lo logrará con todos nosotros? ¿Qué está realmente pretendiendo con sus clases? ¿Liquidarnos de a uno? ¿Qué perversión se esconde detrás del Taller Escribe un Cuento? No tengo respuestas, sólo tengo mi fracaso… y un folio de papel entre mis manos…

One thought on “Pantalla en blanco

  1. Para los que tenemos la pasión de escribir, una pantalla en blanco no es fácil de superar…pero lo que uno tiene adentro aflora tarde o temprano! Muy bueno!

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