Polos opuestos

¡Ahh! esto no está funcionando bien, hace tiempo que lo vengo notando, hay momentos en que parece que se arregla, que se vislumbra un destello… pero que tonta me engaño a mí misma, ¡puras ilusiones! Estoy cansada, ya se lo dije a él pero como si nada, no le da el grado de importancia que debiera darle. No sé qué espera, ¿qué reviente todo?
Para colmo de males cada vez nos vemos menos, no quiero agregar más dramatismo a la situación, pero hay veces que creo que nos rehuimos, o… ¿será que me estoy poniendo paranoica? También está el tema de los turnos cambiados, cuando uno llega el otro se va o está durmiendo y así vamos por la vida sin solucionar las cosas.
Cuando nos reunirnos los fines de semana, es cuando yo creo que él se va a tomar un tiempito para tratar de solucionar “el temita” pendiente, pero ¡no! Se interponen mil cosas, la levantada tarde, el asadito, que la siestita, que el partidito de futbol, que los nenes, que las cuentas y, de ahí, en delante, otros temas que se suman y terminan por acortar el dichoso fin de semana. ¡Y dale que va! ¡Otra semana sin solucionar nada!
Yo creo que esto se ha convertido en un tema “tabú”, la sola presencia de algún monosílabo referente al problema ¡uf! Se le desfigura la cara y encima me hace preguntas que ya sabe la respuesta, ¿ahora, tiene que ser? Y yo vuelvo a lo de siempre y le digo: que si no sale de él, entonces que me deje buscar ayuda ¡uy! Ahí, sí que se pone peor, parece que fuera a perder su masculinidad.
Pero, ¡ya me harte! Se a- ca- bo, tomo ya la iniciativa aunque me cueste la vida. Apago el interruptor general de la luz, busco uno por uno el maldito fusible que me tiene sin luz en el pasillo ¡y lo cambioooo!

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