Reencuentro

Qué mal olía aquella vieja habitación de hotel. Ese mal olor junto con la penumbra que la abrazaba eran el accesorio perfecto para su estado de ánimo. Apesadumbrado por las largas horas de viaje, se desplomó en la cama y, si no hubiera cerrado sus ojos, seguro hubiera visto la polvareda que se hubiera desprendido del edredón.
Se tomó unos instantes antes de ir al baño a ducharse para poder despejar un poco su mente.
No sabía bien qué lo había llevado hasta ese lugar, pero tampoco era mucho lo que había dejado atrás.
Hacía ya tres años que había perdido a su esposa y a sus dos hijos en aquel fatídico día de verano. No podía dejar de reprocharse desde ese entonces no haberse ido con ellos aquel día. El recuerdo del aroma a agua dulce y a bosque estaba aun latente enturbiado por los sonidos de los gritos pidiendo auxilio. Un día de festejo en familia había terminado con la suya. Su mujer, Ángela, y sus hijos, Jania y Sebastian, se habían ahogado en el lago donde minutos antes estaban chapoteando y disfrutando. Sus esfuerzos fueron inútiles para poder salvarlos y los cuerpos nunca fueron encontrados lo que hizo su agonía eterna. Hoy había decidido volver a aquel lugar. El mensaje que había recibido en su celular le daba instrucciones claras, donde alojarse y a quien visitar al día siguiente en un horario específico. Incrédulo de todo pero con la vida en pedazos decidió asistir.
Ese día se durmió sin siquiera desvestirse, esperando, aunque sea en sueños, abrazar nuevamente a su familia.
El sol ya había salido pero solo se dejaba entrever por un pequeño espacio que dejaba una tablita que faltaba en la persiana. Le costó incorporarse, le dolía la cabeza y le pesaba el cuerpo. Se mojó la cara y el pelo en la pileta con manchas de herrumbre del baño y salió.
Caminó por el pueblo con el papel en donde había anotado la dirección indicada. Buscaba medio atento, medio aturdido. Cuando llegó, era un lugar extraño, o así lo percibió él. Tenía un lindo jardín, lleno de lo que se conoce como “llamadores de ángeles” pero con diversos y extraños símbolos. A pesar de que no sabía con que se iba a encontrar entró en aquel lugar, llamó a la puerta y una mujer no menos extraña que lo que la rodeaba le abrió.
Lo estaba esperando fue lo primero que le dijo.
Lo que sucedió dentro de esa casa hoy es solo una anécdota pero sin dudas que cambio su vida para siempre. La señora era una Médium y, si bien el se mantuvo incrédulo y a la defensiva con el transcurrir de la reunión, se rindió a los sentimientos que experimentó. Le dijo que su familia quería ponerse en contacto con él, que no querían verlo destruirse de la manera que lo estaba haciendo, que viviera, que fuera feliz, que ellos estaban en un lugar hermoso y se reunirían cuando fuera el momento, que necesitaban descansar, que los dejara ir. La experiencia fue además de reveladora pero muy difícil de asimilar, sin embargo, pero provocó un cambio radical en su vida.
Se dedicó nuevamente a su profesión, empezó a trabajar con alegría y dedicación. Vendió la casa que compartía con su familia y compró un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad el cual mantenía aseado e iluminado y lo disfrutaba plenamente. Los fines de semana se dedicaba a caminar por el pueblo saludando a sus vecinos. Se había forjado una pequeña felicidad en homenaje a sus seres queridos a los que estaba convencido que iba a volver a ver.

One thought on “Reencuentro

  1. Qué lindo cuento Claudia: el despertar a la vida después de un duelo y la creencia en que el amor dura para siempre. Deja un mensaje de esperanza.

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