La casa

¡Había pasado tantas veces por esa casa cuando era pequeña! Ahora estaba parada frente a ella esperando al agente de bienes raíces para visitar su interior que tanta curiosidad le había generado durante su infancia.
La vida había dado muchas vueltas para Analí, el momento más feliz había transcurrido en esa calle, con su bicicleta dando vueltas para matar el tiempo.
A la hora indicada, llegó el Sr. Brandzen. Su ansiedad había hecho que ella se apersonara una media hora antes de la cita, pero por fin ahí estaba y era el momento que espero toda su vida.
La puerta algo vieja y pesada se abrió delante de ella; dio el primer paso apenas el Sr.Brandzen se lo indicó y, simultáneamente, un agobiante olor a encierro la obligó a cerrar sus ojos. Fue transportada a otra época. Continuó dando pasos hacia el interior pero como en trance hasta que escuchó la voz del Sr.Brandzen que venía como desde otra habitación.
¡Tamaño susto se llevó cuando abrió sus ojos y lo vio parado a su lado! Continuaron disfrutando de aquella maravilla arquitectónica, habitación por habitación pero para Anali era básicamente un trámite ya la decisión estaba tomada: esa casa iba a pertenecerle porque sentía que ella le pertenecía a la casa.
No habían concluido aún con la recorrida, y Analí sin hacer ninguna pregunta, ni siquiera el precio, le suplicó al Agente que realizara el papeleo lo más rápido que la burocracia le permitiera para poder mudarse a la casa. El Sr. Brandzen muy emocionado y casi incrédulo de lo que sucedía la invitó a dirigirse a su oficina para llenar los formularios necesarios y realizar la oferta a los vendedores.
Luego de apenas 20 días, Analí ya estaba instalada en su nuevo hogar. La mudanza fue rápida ya que la casa estaba prácticamente amueblada y ella no tenía grandes cosas para trasladar más que las que llevaba en su alma y eso era más que suficiente.
Encendió el fuego de la estufa y se sentó en su escritorio, abrió su computadora y se dispuso a escribir las primeras líneas de su próxima novela. En ese minuto, escuchó un ruido bastante estruendoso que venía de la cocina, se levantó, caminó con determinación pensando en algún animal del lugar. Cuando entró en la habitación no había nada fuera de lugar, ninguna puerta abierta, ninguna ventana, solo paz y silencio y un aroma a flores. Eso fue lo único que llamó su atención. Se dio la vuelta para volver a sus tareas y sintió un escalofrío estremecedor. Tomó un chal de pasada y volvió al escritorio.
Esa noche tuvo muchos sueños extraños, no supo si estaba realmente dormida o qué era lo que sucedía con ella, tal vez se estuviera volviendo loca…después de todo ¿quién no era un poco loco?
Así transcurrieron sus días en la casa. Días escribiendo, solo interrumpida por ruidos que nunca supo de dónde salían y noches agitadas con sueños o recuerdos.
Ese día, se había levantado algo cansada, bajó la escalera para prepararse algo para desayunar y volver a su cama un rato más pero, en el pie de la escalera, se encontró con una extraña caja, la tomó entre sus manos y, dubitativa, comenzó a abrirla. En ella había una cadena con un dije que se abría y tenía en su interior dos fotos. Una era de un muchacho joven, muy buen mozo peinado impecablemente y muy bien vestido. En la otra había una dama, muy joven también con el cabello largo y rizado, una sonrisa fresca de dientes muy blancos y ojos color avellana. Le llamó mucho la atención el hallazgo pero era tan hermoso que decidió usarlo desde aquel instante. Continuó su marcha hacia la cocina y, al cruzar la puerta, volvió a sentir aquel escalofrío tan paralizante que sintió aquel día cuando se dirigía a investigar el primer ruido.
Estaba tan feliz con su hallazgo y lo admiraba todo el día. Aquella joya se transformó en una parte importante de su vida; se quedaba horas mirando las fotos a la luz del fuego de la estufa. No fue hasta aquel día en que se dio cuenta del parecido que tenía la foto de la dama con ella. Al comienzo, creyó estar delirando pero luego confirmó, reviso cajas y cajas con fotos y sí, efectivamente la dama joven de la foto que colgaba en su cuello con una hermosa cadena era muy parecida a ella. Sorprendida por el descubrimiento se dio a la tarea de investigar quienes podían ser y que había sido de sus vidas, después de todo ella era escritora, estaba acostumbrada a investigar y esto le parecía una apasionante historia para contar.
A los pocos días de estar investigando, se dirigía a la cocina a prepararse una sopa para continuar rápidamente con su labor y, nuevamente, el escalofrío ya conocido por su cuerpo volvió. Pero, esta vez, estaba acompañado de un ser que la abrazaba. Analí no sabía bien que era lo que sucedía pero no se asustó, solo se entregó a aquel abrazo, dio la vuelta y se encontró con el joven de la foto. Se abrazaron como si se conocieran de toda la vida. Estuvieron horas mirándose sin decirse una sola palabra. Solo mirándose.
Los días se transformaron en meses y estos en años en los que Analí se obsesionó con la historia que en algún momento pretendió contar. No tenía ya mucho tiempo para escribir ya que el día entero estaba en compañía de este misterioso joven con el que sentía haber encontrado el amor eterno.
Un día de tantos, escuchó un ruido en la puerta de entrada. Bajó la escalera corriendo. Sorprendida por lo que veía, logró esbozar un grito. Las personas que estaban entrando en la casa acompañadas por el Sr. Brandzen no escucharon. Estuvieron por todas y cada una de las habitaciones; sus habitaciones, tocaron sus cosas, quebraron su intimidad. Su desesperación y sus gritos no dieron fruto ya que nunca fueron escuchados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.