Día de locos

Macarena llegó a los cuarenta años llena de obligaciones y deberes. Lo que de niña había imaginado nada tenía que ver con la realidad. El ser madre, esposa, ama de casa y empleada estaba muy lejos de ser los sueños de una niña. Si bien la llenaban de satisfacciones también la colmaban los problemas. De tanto creer que ella podía con todo, ella misma se fue ganando que todo cayera sobre sus hombros. Cuando sonó el despertador se tiró de la cama media dormida, las seis horas de sueño no le habían sido suficientes. Se lavó la cara y se vistió a toda prisa mientras preparaba el desayuno para toda la familia.

hay me olvidé del teléfono, no creo que vaya a lavar ropa.

Eran las nueve y la familia estaba levantada, tomando la leche, menos ella que intercalaba algún mate mientras cocinaba y preparaba la vianda para los chicos que a las diez los pasaba a buscar la camioneta.

—Otra vez me voy con la camisa arrugada Macarena ¿podrás plancharme alguna?— le dijo Martín insistentemente sabiendo que hacía ya tiempo su pedido era en vano.

Ella ni siquiera contestó a la pregunta, tenía en la cabeza otras cosas que debía solucionar en el día.

—Mamá ¿hoy puedo llevar plata para comprarme la merienda?

—No, hoy no, el viernes quizás. Para comprarte las papas chips de porquería ni loca.

así están los chiquilines ahora gordos y con colesterol. Al final solo viven a papas y hamburguesas estos. Además me rompí todo el fin de semana haciendo escones y galletitas caseras para que ahora coma porquerías

—¡Apurate! Anda a lavarte los dientes que se te hace tarde.

me revienta que me toque el timbre la tipa de la camioneta porque estos dos no están prontos

A las10.30  la casa se sumerge en una disfrazada tranquilidad. Macarena tiende las camas, ordena ropa, repasa el baño, lava las tazas, barre el piso, se baña, se viste y sale a trabajar. Baja a la calle y corre el ómnibus, cuando va a pagar el boleto busca dentro de su cartera la billetera pero la dejó olvidada en la cocina. Se baja pidiendo una disculpa.

a no pero soy una pelotuda todavía que llego tarde me olvido de la plata no dejo la cabeza porque la tengo pegada me diría mi abuela.

En el camino la llama Martín al celular.

—¿Llevas los papeles de Gómez y López?

—Sí ¿por qué?

—Tiene que estar todo pronto  para hoy a las tres de la tarde, ellos van para la oficina.

—Tranquilo ya voy en camino, decile que los espero con  la escritura lista.

—Dale, gracias. Ah, y no te olvides de pasar por lo de María del Carmen Barrios a dejarle el recibo.

—No, no, tranquilo

éste se cree que tengo ruedas en vez de pies tremendo idiota

Otra vez camino a la oficina y ya subida en el ómnibus respiró profundo. Repasó la lista de tareas a cumplir mientras miraba las vidrieras de los comercios por la ventanilla.

un día tengo que venir con tiempo me tengo que comprar un pantalón y alguna camisa estoy podrida de usar siempre lo mismo bah igual con lo gorda que estoy quien me va mirar bueno eso no importa hay que estar prolija.  

Se sonrió y se paró para bajar en la próxima parada. Llegó a la oficina y, apenas se sentó, llegaron los señores Gómez y López. Los recibió con la amabilidad conocida por sus clientes y, mientras conversaban del asunto y firmaban los documentos, ella armaba una lista en su cabeza para la cena.

ya sé hago un pastel de carne medio kilo de  picada papas huevos aceitunas tengo mejor puré instantáneo sale pastel al toque.

Las horas pasaron de prisa y, cuando se quiso acordar, estaba nuevamente en el bus camino a su casa. Bajó dos paradas antes y compró lo pensado. No le daban las manos entre la cartera, carpeta y bolsas de supermercado. Al llegar a la casa, puso agua a hervir y encendió un cigarrillo, tomó unos mates y habló con Martín, su madre y su suegra. Llegaron los niños y preparó leches, mientras lavaba las viandas del día y freía la carne picada, colaboró con los deberes y recortó palabras que comenzaran con la letra eme.

tengo que revisar mi correo que hace días no lo abro pero como me crecieron las uñas uy! mañana tengo hora con el dentista de Gabi qué embole y la reunión con la maestra de Fer

—Fernando, ¿te animas a traerme la lima que está en el baño?

—¿Dónde está mamá?

—Adentro del mueble al costado del hilo dental.

Limó, fritó y puso la mesa con el teléfono apoyado entre su cabeza y su hombro. Coordinó reuniones y planificó salidas con amigas.

—¿Al cine…? ¿el sábado…? sí…  sí… Martín se queda con los nenes, dale beso.

Después de varias carreras al baño alcanzando toallas y trayendo medias sucias, puso en marcha el lavarropas.

la puta me olvidé de poner la camisa a lavar que me importa mañana me la pongo igual.

Increíble, las nueve y media de la noche, ya estaban todos cenando, hablando de cómo le fue a cada uno.

Tecleó los dedos sobre el mantel para avisar que en breve se levantaría de la mesa para lavar los platos. Con suerte a las once podría dedicarse a mirar un poco de tele o leer alguna página del libro que una amiga le había prestado.

libro o tele me baño y veo.

—Mamá me olvidé de decirte que mañana tengo merienda compartida en catequesis y quedé que llevo algo salado.

—¡Y a esta hora me lo venís a decir! ¿tenés idea de la hora que es? ¡Pero mijo me lo hubieras dicho cuando llegaste de la escuela! ¡Andá a acostarte! haceme el favor.

Sacó el bowl de hacer las tortas y la harina.

por suerte hay queso y huevos lo voy a matar a este pendejo pelotudo mirá a la hora que me avisa

—Gorda, si no te enojás me voy a ir acostando que mañana tengo que salir temprano.

—No, andá tranquilo que me quedo un rato más levantada, Gabriel se olvidó de decirme que tiene merienda y lleva comida.

 poco queso más que un fainá de queso va a ser una torta salada y bue.. es lo que hay…

A la media hora, lo sacó del horno, lo dejó sobre la mesada para enfriar, se cercioró de que había apagado el horno y se lavó los dientes. Para cuando llegó a la cama, Martín dormía. Arropó  a sus hijos y volvió al dormitorio dispuesta a leer un rato.

carajo no me acuerdo en qué página iba ni siquiera me acuerdo de lo que leí bueno empiezo otra vez.

Cuando la despertó la posición incómoda, miró el reloj ya eran las tres de la mañana.

 me dormí otra vez.

Cerró el libro. Se sacó los lentes. Desconectó el despertador y apagó la luz.

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