Culpable

Sentado en su sillón favorito, yacía un hombre enfermo.
Su cuerpo lo decía. Sus ojos no miraban ni el fuego de la estufa que tanto le gustaba. Ni vivo ni muerto su corazón seguía latiendo. Su cabeza pensando en todos los que lo habían rodeado.
¿Por qué lo abandonaron? Si todo lo que hizo fue por ellos. Su mujer y sus hijos habían disfrutado del dinero que él traía a la casa. Nunca preguntaron de dónde salía.
Ahora, le reprochaban con voces airadas que los había avergonzado.
Sintió que llegaban…
El corazón lo salvó de tener que volverlos a ver.

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