Mal presagio

Despertó en un baño de transpiración. Su cuerpo y su mente estaban agotados de tener ese sueño una y otra vez, noche tras noche. ¡Basta!
Se levantó y miró por el ventanal de su dormitorio. Estaba en el piso 33. Veía toda la ciudad en pleno. Aún se mantenía despierta a pesar de la hora.
Respiró hondo y tuvo una desagradable sensación de vértigo. Se alejó y volvió a la cama. Intentó sin éxito conciliar nuevamente el sueño.
Luego de varios remolinos entre las sabanas y dos somníferos, el mundo de la seminconsciencia la venció.
Y ahí estaba, caminando descalza por la húmeda y fría arena, mirando al mar lleno de llanto y olvido. Comenzó a llover, aquella tormenta no pudo ocultar sus lágrimas. Continúo su camino y se sumergió en el agua más y más hasta que se fundió como ella.
Con un sonido desesperado trató de acaparar todo el aire que pudieran albergar sus pulmones mientras se incorporaba en su cama.
Otra vez la transpiración y sus pulsaciones fuera de control.
Trató de serenarse y puso sus pies en el suelo con intención de ir a darse una ducha.
Su respiración se cortó cuando vio el piso de su dormitorio mojado y sus pies llenos de arena.

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