Universo dividido

La Vida y La Muerte se encontraban en la última sesión de lo que había sido el acuerdo más largo de los tiempos. Cientos de años se la pasaron distribuyendo el Universo de la forma más equitativa y justa posible.
Sus visiones tan diferentes de lo que hacer con él, habían desatado fuertes discusiones que habían prolongado la división más allá de lo que cualquiera hubiera predecido. La Vida había ganado todas las estrellas, las cuales llenaría de luz y calor, y haría que fuesen visibles a millones de kilómetros. Su intención era llenar el Universo de brillo y resplandor, de atardeceres anaranjados y veranos continuos. Para La Vida, el Universo debía ser un eterno carnaval, de goce y alegría. Rápidamente, logró el apoyo entusiasta del pueblo, pero no así de los altos jerarcas.
A estos les preocupaba el descontrol que pudiera provocar el gobierno de La Vida, y que sus grandes riquezas pudieran verse amenazadas o a la merced de sustentar la infinita fiesta. Se decidieron entonces por apoyar a su contrincante, La Muerte. Este buscaba sobre todo la tranquilidad y orden del Universo, el silencio profundo y la oscuridad absoluta que permitiría el descanso eterno de todos. La visión atrajo a los altos cargos y, por más que eran la minoría, lograron imponerse y ganar todo el espacio interestelar.
Más difícil fue la división de los planetas, para la cual se concluyó con un modelo matemático que los adjudicó de manera que cada uno obtuviese los misma metros cúbicos de volumen. La Vida lleno los suyos de calor y de colores vibrantes, mientras que La Muerte optó por lo contrario, no solo por sus ideales sino también en oposición a lo electo por su contrincante.
Falsas felicitaciones se cruzaban esa tarde, apretones de manos que intentaban herir más que saludar se dejaban entrever, y las futuras tácticas por ambos lados para obtener lo que se les había escapado ya comenzaban a fermentar, cuando el Juez interrumpió con voz cansada:
?Atención todos, ha surgido un inconveniente de último momento. Repasando la documentación hemos encontrado un planeta que no fue adjudicado. Se llama “Tierra” y es de tamaño similar a Venus.
El silencio reinó en la sala, pero la frase retumbó en las cabezas de todos los presentes. Estos inofensivos metros cúbicos moverían la balanza en favor de un contrincante. Habría un ganador y un perdedor en lo que hasta hace pocos minutos había sido un insulso empate. Un minuto, o menos, fue lo que duró el silencio, antes de que cientos de argumentos lucharan, buscando el talón de Aquiles del otro. La batalla se volvió sangrienta y sucia, pues ya no reinaba la razón sino la pasión. Se colaron secretos personales en los argumentos técnicos, coimas en los bolsillos y un sin fin de miradas odiosas.
Cientos de años de esfuerzo tirados a la basura por el orgullo.
Incrédulo ante tal imagen y sobre todo vencido por el cansancio, el Juez tomó, sin pedir opinión alguna, la única decisión impensada por cualquiera en la sala:
?Atención, por la autoridad que me fue otorgada por el Comité del Universo, decido que el Planeta Tierra ha de ser compartido por La Vida y por La Muerte. Reinará en primer lugar La Vida y en segundo La Muerte hasta la eternidad. Fin de la sesión.
El asombro fue tal que ni tiempo les dio para protestar pues el Juez, inmediatamente, se retiró del lugar. Lo que para él había de ser la decisión más justa, para todos fue visto como un triunfo de La Muerte. Pues tal como había sido declarado por el Juez, en un intento inocente de calmar las aguas, La Muerte gobernaría desde el reinado de La Vida hasta la eternidad, ganándole siempre. Nadie podría escaparse del reinado eterno de La Muerte en ese planeta.
Ese día no hubo fiesta en las calles. El pueblo cerró las ventanas y persianas en señal de desaprobación con la medida tomada. El Juez fue hallado días después colgado en su casa, incapaz de soportar la angustia que le provocaba la imprudente decisión tomada.
De poder haber visto el futuro, el Juez no hubiese sido hallado en tan desgraciado final y la fiesta podría haberse desparramado en las calles. Porque el tiempo demostró que la medida tomada por aquel Juez, ocultamente, beneficiaba a La Vida. El asecho del reinado de La Muerta al final y el saber que La Vida no reinaría hasta la eternidad hizo que, esta misma, tomará una fuerza impensable en esos pocos metros cúbicos.
En ese planeta se ríe a carcajadas, se baila al ritmo de cualquier melodía, se inventan los platos más exquisitos, se escriben las prosas más hermosas y se ama perdidamente con el cuerpo y con el alma. Ni siquiera en los pensamientos más idealistas y positivos, La Vida podría haberse imaginado tanto goce junto. El ingrediente faltante a su fórmula era La Muerte.

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