La bombachita traviesa

—Te confieso, amor, que reconozco y valoro la prolijidad con que ordenás mi ropa. Sé que es una tarea difícil por lo despelotado que soy, pero vos siempre tenés mi cajón de ropa interior impecable.

—Alfre, ¿qué pavada es esa? —preguntó intrigada. Me reviento para tener todo arreglado pese al desparramo que vos dejás.

—Lo que pasa es que hay una cosa que me tiene intrigado: tu bombachita beige bordada tan bonita. Todas las semanas aparece en mi cajón.

—¡Ay! Alfre, no seas tan maniático, ¿cómo va a aparecer mi bombacha en tu cajón?

—Todas las semanas aparece en mi cajón de la cómoda y yo la paso al tuyo, pero ella vuelve. Ya me empezó a intrigar ¿Qué estará pasando?

—No sé, tal vez estés exagerando.

—No exagero nada. Tengo varias teorías, y no sé si algún día podré confirmar algunas de ellas.

—¿Y cuáles son tus sesudas teorías? —preguntó curiosa sospechando algún disparate de mi parte.

—Tal vez se piensa que soy fetichista y que en algún momento la voy a usar, mimar, adorar.

—¡Qué pavada! ¿Y las otras teorías?

—Esta es más descabellada. Si ella se cree que cambié de orientación sexual, no va a tener suerte. Te juro mi amor que eso no es cierto, estoy muy bien así como estoy, así como estamos.

—Cada vez peor ¿Y las otras?

—No, sólo una más. Lo más probable es que ella venga a visitar y charlar con sus colegas masculinos. Por algún lugar se pasa del cajón de abajo para el de arriba. Se queda algún día de visita hasta que yo la paso al lugar que le corresponde. Ni me imagino de qué vendrá a hablar.

—Y… tal vez venga a comentar que a veces los tiramos en el suelo sin ninguna consideración —comentó su dueña sonriendo con picardía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.