Los juegos de la vida

En cierto momento sintió que estaba jugando al Solitario y decidió ser El Detective de su propia vida. Recordó cómo la relación con las Damas de su pasado se había movido entre instantes blancos o negros y fueron las Palabras Cruzadas en lo que en algunos casos parecía una Batalla Naval lo que desembocó en que las piezas de su vida cayeran haciendo un efecto Dominó. Se dio cuenta que volver a armar el Puzle de su existencia exigía un sinceramiento consigo mismo. Dejar atrás las mentiras practicadas en el Truco para sentirse por fin dueño en Monopolio de los eventos de su vivir. Como en el Ping-Pong cada acción tenía una reacción y reconocía perder puntos pues, muchas veces, sus Dardos no daban en el blanco. La cabeza le daba vueltas como un Trompo.
Su Muñeca le había sacado la tarjeta roja, ya no sería su Osito de Peluche. Él había apostado mucho y no podía perder este partido. Pensaría una estrategia y movería sus piezas como en un Ajedrez intentando conquistar un reino que parecía difícil. Se sintió Manchado en su integridad. Ella le había dicho: “Lo tuyo son Patrañas. ¡Desconfío!”. Ignoraba que, en esta mano, él contaba con un as en la manga. Ya no quería seguir saltando La Cuerda por lo que tomó su Autito y condujo a gran velocidad por La Pista. No fue fácil encontrarla. Su Barbie parecía Escondida pero, al verla, en un ejercicio de verdad-consecuencia se la jugó y le confesó que sí se quería casar y, para probárselo, le contó que El Banquero había aprobado su solicitud por lo que se podrían construir la soñada Casita del bloques. Sin ganadores ni perdedores, gritar Bingo en la Lotería de la vida.

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