Sueños para soñar

Hacía tiempo que no había tenido una buena noche y, solo pensar que me aguardaba una jornada laboral sin el descanso debido, aumentaba mi malestar.

Estas noches mal dormidas ya estaban haciendo mella en mi salud.

La noche se había tornado algo agobiante para mí. Bastaba cerrar los ojos y, desde la oscuridad, asomaba una pesadilla tenebrosa que insistía en desvelarme. Esas visiones me mantenían preocupada por más tiempo en la madrugada.

Estaba decidida a consultar con algún especialista, pero ya me imaginaba la perorata: “Los tiempos que corren son de mucho estrés” y, después, te vienen con la pastillita.

No, no. ¡Yo quería otra solución!

Iba en dirección al trabajo y, por aquellas cosas del destino, cambié el rumbo. No es difícil perderse en la ciudad vieja y, sobre todo, si estás dormida.

Alce la vista para ubicarme y poder volver sobre mis soñolientos pasos y, ahí, la vi.

Era algo así como salido de un cuento de brujas. Sí, no podría catalogarla de otra manera. No cabía en mi asombro. ¿Cómo había podido mantenerse intacta con el paso del tiempo? La librería tenía el aspecto de esos lugares donde uno entra y no se sabe a dónde lo lleva esa puerta. Pero a mí me resultaba intrigante lo que había visto en su escaparate. Entre el polvo que estaba suspendido por las telas de arañas y ese libro sobre un pilar no pude dejar de entrar. “Sueños del más allá” decía en su tapa rígida. Lo compré.

Ansiosa por leerlo. Me acosté antes de la hora convencional. Tenía la certeza que este libro me abriría las puertas a ese mundo que surgía cada noche y perturbaba mi descanso. Me dormí. Y supe que eso que estaba viviendo no era la realidad, y sentí ¡qué lindo que es!

De un tiempo a esta parte, lo que me angustia es despertarme porque solo, en mis nuevos sueños recurrentes, vivo con intensidad otra vida junto al hombre que llega a mí desde el fin del mundo.

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