La comunidad de la loza

Mi madre heredó de mi abuela un mueble que contiene el juego de loza más grande que vi en mi vida. Ella decía que era muy especial y debía cuidarlo más que a cualquier otra cosa. Mi madre nunca entendió por qué.
El mueble está en el living debajo de un cuadro de Dante Cola. Todos los domingos, a media mañana, mi madre acomoda platos, bandejas, tazas, teteras, vasos y cubiertos de loza para el almuerzo familiar. Después de lavar todo y secarlo bien, lo vuelve a poner en el mueble con mucho cuidado para mantener el orden de la casa.
Un día, yo estaba leyendo una novela en el sillón que está junto al mueble y empiezo a sentir un ruido extraño. Me esforcé para escucharlo de nuevo pero había desaparecido. Ni bien retomo mi lectura, el ruido vuelve con más fuerza y me doy cuenta que viene del mueble. Pego la oreja a la puerta y escucho algo muy parecido al musitar de un ratón. Tiro el libro y voy corriendo hasta la cocina a contarle a mi madre.
—Mira Mamá, vení al living
— ¿Qué pasa? Pará que estoy cocinando.
—Pero vení, ¡tenés que escuchar esto!— le digo trayéndola al living y haciendo que se acerque al mueble.
—Yo no escucho nada. Me parece que te estás metiendo mucho en esa novela de misterio — me dice risueña. Mejor vuelvo a la cocina.
A la mañana siguiente, cuando estaba leyendo en el mismo lugar, viene mi madre a sacar la loza del mueble como todos los domingos. Miro de reojo cuando estaba abriendo la puerta y veo un ratón muy chiquito.
—Mamá, ¡un ratón!
—Ay ¡no! ¿Dónde? ¿dónde?
—Ahí, no lo… Ah… pero ahora ya no está. ¡Qué raro!
—Dejá ese libro que te está asustando…
—Pero no es el libro, te juro que vi un ratón re chiquito
—Está bien, cuando lo veas matalo, por favor, no sea que aparezca en otro lugar —me dice con sarcasmo.
Cuando termina de sacar las cosas que necesitaba usar, se va para la cocina y es cuando aprovecho a enfrentarme con el mueble. Me siento a lo indio en frente y abro las dos puertas a la vez. Me encuentro con un montón de ratoncitos diminutos, mucho más chiquitos que un ratón chico normal. Estos limpiaban con mucho cuidado el resto de las cosas de loza que quedaban guardadas. Usaban lentes y parecía que habían sido creados ahí dentro, como si hubieran salido de la misma loza.
A todo esto por mi cabeza pasaban muchas cosas: ¿Por qué mi madre no los ve?, ¿Será por esto que mi abuela decía que ese juego de loza era muy especial? ¿Serán reales, o solo existen dentro de mi cabeza? Mejor no le digo nada a nadie y disfruto del secreto.

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