Trapitos sucios

—No señor, no soy una alcahueta… aunque estos ojos han visto mucho en esta casa y mis oídos… todo lo que han escuchado… Hace veinte años que trabajo con los patrones, ellos son mi familia. Yo me vine de jovencita para la capital, allá… entre las inundaciones y la falta de trabajo vivíamos muertos de hambre y de frío. Eramos ocho bocas para alimentar… la cosa no era fácil…
Acá, tengo casa y… comida no me hace falta gracias a Dios… Ellos me dicen: “lleve, lleve nomás Doris la comida que quedó sin tocar… total los muchachos no vuelven a comer lo mismo en la cena”. Y, sí… hay gente que no sabe lo que es pasar hambre… La comida que me llevo de acá ¿entiende? en casa, le doy una calentadita en el microondas que me compré el mes pasado y queda como recién hecha. Después, me hago un té o una taza de leche y ya me da para aguantar hasta la mañana siguiente porque, enseguida que llego, tengo que preparar el desayuno para todos y ya de paso me tomo un café con los bizcochos que la señora me manda traer de la panadería. Y no sabe usted la ropa linda que deja la señora casi sin uso… se la renueva cada vez que viaja. Cuando me llama: “Doris, suba un momento a mi dormitorio” voy volando, ya sé que me va a decir que me pruebe la ropa que yo quiera y, si me queda bien, me la lleve.
¿Para qué le estoy contando todo esto? ¡Ah! sí… para dejarle en claro a usted que yo estoy muy agradecida con todos ellos… y si he escuchado o visto cosas… que en fin… no están bien… allá ellos… pero no será por mí, justamente, señor policía que usted se va a enterar. ¿En qué casa no hay secretos? ¿Qué familia no tiene asuntos que no desea ventilar? Dígame… a ver… ¿Usted tiene hijos, oficial? Pues claro que he tenido que ordenar camas, tirar colillas de cigarrillos y hasta porros… botellas vacías de whisky… en fin… los jóvenes de la casa tienen que divertirse, son cosas de la edad…
— ¡Hágame el favor de remitirse a lo concreto y no se ande por las ramas!— dijo el policía impaciente. Usted, es una testigo importante y su declaración va a ser una pieza clave en la investigación. Fíjese que recibimos una denuncia de que aquí, precisamente en esta casa,se desarrollan actividades sexuales con chicas menores que involucran al dueño de casa y sus dos hijos varones.
—¿Cómo?… A ver si entiendo… ¿algo así como orgías, dice usted? Pero noooo… oficial ¿quién va a creer algo así? Le vuelvo a repetir, de mi boca no va a salir nada que pueda perjudicar a mis patrones. Después de todo… yo no debo meterme… mi única función es cocinar y limpiar… Soy muy buena limpiando, dejo todo reluciente, no soy como esas muchachitas que se meten de limpiadoras porque no tienen más remedio… esas… son las que barren la mugre y la dejan bajo la alfombra porque no quieren tomarse el trabajo de agacharse para agarrar la pala. No, oficial… gracias a Dios, no soy como ellas. Yo hago una limpieza profunda, por eso, muchas veces los patrones elogian mi trabajo. Ahora usted va a tener que irse retirando, no tengo más que agregar y es hora de que vaya a recoger la ropa de la cuerda. El sol del mediodía daña la tela delicada de las sábanas, la reseca. Ya deben estar prontas y con el rico perfume del suavizante quedan como nuevas.
— Usted me está echando, es un atrevimiento de su parte. Mire que la puedo acusar de estar entorpeciendo la investigación. Esto no queda acá, probablemente la citen para declarar nuevamente y esta vez en el juzgado. Usted está ocultando información y no dice todo lo que sabe.
—Váyase al diablo oficial… muchos de ustedes han de tener también el culo sucio. Se lo doy por hecho, como que me llamo Doris Peralta.

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