Brujas

Josefina se metió en el auto que aguardaba en la puerta de su casa.
? ¿Lista? ?preguntó el muchacho que estaba en el asiento del conductor. Ella asintió y el auto arrancó.
Aquella noche, iría a conocer a sus suegros, después de cinco meses de novia con Fernando. Veinte minutos después, estacionaron frente a un lujoso edificio. El joven, con los modales de siempre, bajó primero y abrió la puerta a su novia.
?Decime de nuevo, ¿cómo se llaman tus padres? ?preguntó ella en el ascensor.
?Manuela y Fermín.
Apenas se abrieron las puertas del ascensor, Josefina sintió que la tomaban con fuerza del brazo y la apretujaban con emoción. Al parecer, Manuela no había podido contenerse y había salido al pasillo a esperarlos.
? ¡Qué linda que sos! ?exclamó la mujer, observándola detenidamente. Había dejado de abrazarla, pero ahora sus manos agarraban la cara de Josefina como dos enormes pinzas?. Mi Fer no exageraba, ¡sos preciosa! Vengan, pasen, pasen.
Obedeciendo, Josefina entró en el apartamento, que era más grande que su casa. Fernando fue directo a sentarse a la mesa.
? ¿Quiere que la ayude en algo? ?le ofreció ella a Manuela, dirigiéndole una mirada de enojo a su novio.
?No, querida, vos sentate. ¡Y no me trates de usted!
Manuela se metió por una puerta que, Josefina supuso, sería la cocina. Poco después, se les unió Fermín, que llegaba del trabajo. Se sentó con ellos en la mesa y comenzó a hablar con Josefina. A ella le pareció muy simpático. Pasados unos minutos más, Manuela volvió y se sentó frente a Josefina, observándola fijamente.
? ¿Qué estudiás, Jose?
?Mm… Derecho… ¿Estás segura que no querés ayuda?
?No, no, la carne ya está en el horno. Así que derecho, ¿eh? Claro, mi Fer estudia ingeniería, pero se necesita mucho de acá para eso?se señaló la cabeza?. En derecho solo necesitás buena memoria… ¿A dónde vas? ?reprendió a su marido cuando este se levantó.
?A hacer la ensalada.
?No, yo la hago?se apresuró a pararse y volvió a la cocina.
Más tarde esa noche, mientras Josefina volvía en el auto con sus padres, aprovechó para descargarse.
?Es insoportable. No nos dejó ni un segundo en paz. Estaba siempre arriba de nosotros, “mi Fer esto, mi Fer aquello”. ¡Insoportable! Ni siquiera dejó a su marido ayudarla. Es una bruja controladora y obsesionada con Fernando…

Dos semanas después, Fernando fue a cenar a casa de su novia por primera vez. Josefina le abrió la puerta con una sonrisa y lo hizo pasar.
?Mi madre es Raquel y mi padre Jorge. Ah, y mi hermano Bruno.
Fernando los memorizó y saludó a cada uno por su nombre. Inmediatamente a continuación, se sentó a la mesa y esperó. Raquel sonrió en cuanto lo vio y le guiñó un ojo a su hija.
? ¡Arriba, arriba! Que en esta casa no hay sirvientes.
Fernando se levantó, confundido, y Raquel aprovechó para ponerle un montón de platos en las manos.
? ¡A poner la mesa, que ya va a estar la cena! Jorge, movete y hacé algo, dale.
Su marido, que estaba recostado en el sillón, la fulminó con la mirada y se levantó a regañadientes.
Cuando Fernando llegó a su casa esa noche, se puso a despotricar contra su suegra.
? ¡Me hizo poner la mesa! Y después tuve que ayudar a Jose a lavar los platos. ¡Soy el invitado, che!
?Ay, pobre mi Fer?se horrorizó Manuela?. ¡Qué bruja! Ojalá no me la cruce nunca…

Sus temores se cumplieron casi un año después, cuando Fernando los llevó a ella y a Fermín al cumpleaños de Josefina.
Ambas madres se saludaron con cierto recelo. Raquel estaba en la cocina del local donde se festejaba, y trató de no dedicarles mucho tiempo. Pero en seguida Manuela se metió allí.
?Dame que yo lo hago?dijo, sacándole el pan de las manos a Raquel, que lo estaba cortando.
?Yo puedo sola…
?Lo hago más rápido.
? ¡¿Estás diciendo que no puedo hacer las cosas bien?!
Antes de que la cosa pasara a mayor discusión, Fernando y Josefina intervinieron. Él se llevó a Manuela al parrillero para cortar carne, mientras Raque se quedaba en la cocina criticando a la mujer.
? ¡Pero, ¿quién se cree que es?! Viene a molestarme… Y vos, Jorge, no sos capaz de moverte. ¡Vení a cortar el pan!
El hombre se levantó de mala gana del asiento y fue a buscar el pan.
?Cortalo en el parrillero, así lo dejás para el chorizo. ¡Dale, movete! ?lo apremió su mujer de malhumor.
En cuanto Jorge salió arrastrando los pies, entró Fermín con una sonrisa.
? ¿Necesitás ayuda?
? ¿Te animás a picar los morrones? Gracias, sos un sol. Mi marido, en cambio, no mueve un dedo…
Fermín sonrió y comenzó a ayudar.
Jorge llegó al parrillero con la flauta de pan, pero en seguida se la sacaron de las manos.
? ¡Yo lo hago! ?dijo Manuela?. Vos andá a sentarte, te ves tan cansado.
El hombre esbozó una sonrisa y se fue a sentar lejos de la cocina. Manuela lo observó.
?Este sí me hace caso, no como mi marido…

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