Casamiento en la playa

Habían anunciado buen clima para el día de la ceremonia. Laura estaba en el hotel que daba a la playa donde se realizaría la futura unión. Mientras la peluquera le daba los últimos detalles al tocado, sus amigas le sacaban fotos como locas. Al rato, llega la madre con el ramo de flores. Había una gran alegría concentrada en la habitación 101 del hotel, pero la imagen de novia pronta para casarse que se le reflejaba en el espejo no le lograba sacar ni media sonrisa.
Los nervios de Federico se percibían desde la playa vecina. Él ya estaba con la arena entre los dedos de los pies recibiendo a los primeros invitados. De frente al mar, había un sendero delimitado por pequeñas piedras que terminaba en un altar delicadamente decorado de blanco. Todo era muy sencillo pero hermoso. El DJ pone música suave para ir ambientando; eso comienza a serenar a Federico.
Abuelos, tíos, primos, padres y amigos más cercanos de los novios ya estaban en la playa. Laura miraba a través de la cortina del inmenso ventanal de la habitación con cara de espanto. Su cabeza era un campo de concentración. Miraba la sonrisa de oreja a oreja de su madre y más miedo le daba. Claro, ellas no saben nada – pensó. ¿Y si mañana me arrepiento? ¿Y si en realidad no lo quiero tanto como yo pensaba? Lo de ayer fue lo peor que podría haber hecho. O sea, era mi despedida de soltera y había mucho ron… aparte él seguramente hizo cosas peores aquel fin de semana que se fue con todos los amigos a Punta del Diablo… No sé, no sé qué pensar, qué hacer…
Con el atardecer, entraba la novia. A Federico le pareció raro que las amigas de Laura ya hayan bajado y volvieron los nervios. Miró al horizonte y respiró hondo, al abrir los ojos vio que se acercaban unas nubes bastante cargadas. La ceremonia se estaba empezando a retrasar.
Laura entre tanta indecisión y tras abrir el mini bar se olvidó de la hora. A los veinte minutos su cabeza había pasado de ser un campo de concentración a una pandemia de pánico. “Porque me mueero de amooor si no estasss…” Ay no puedo estar cantando ya. ¡Esta bueno este vestido eh! No puedo creer lo caro que salió todo y eso que me estoy casando en una playa como las hawaianas. Hablando de Hawai, me podría hacer un viaje con las chicas. Igual está bueno el vestido pero hasta ahí porque toda la porquería de Cenicienta para los casamientos no me gusta. ¡Ay no! ¡Me tengo que casar! – Laura salió como pudo de la habitación 101 dejándola como un chiquero.
El cielo estaba cubierto y Federico desesperado. Ya iba una hora de atraso cuando empezaron los vientos fuertes. Voy a denunciar a los meteorólogos de Canal 12 – pensó apretando los dientes. De repente se escuchó un llamado desde la bajada del hotel a la playa. Todos se dieron vuelta al darse cuenta que era Laura la que venía saltando y gritando en dirección al altar. – ¡Acepto, mi amor! ¡Acepto! – dijo la novia mientras el mar se retraía dejando mas playa de lo normal, para luego agrandarse bestialmente en una ola gigante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.