Fuego

El olor. El olor es una mezcla de heces, orín, algún bicho muerto podrido y basura, mucha basura.
El olor penetra en las narices como un latigazo, imposible eludir las arcadas al entrar a ese lugar.
Montañas de deshechos se acomodaban junto a los colchones tirados en el piso, mohosos, telas húmedas, diarios y cartones con que se tapan.
Gente. Ahí, vive gente. Seres en un estado de descomposición humana. Comparten con las ratas que circulan con total comodidad hasta que aparecen los perros que son los que marcan territorio.
La mansión está abandonada hace décadas, tapiadas puertas y ventanas, selladas a cal y canto. Sin embargo, un boquete abierto en una pared lateral oficia de “entrada principal ” disimulada por el matorral que crece adelante.
Es el refugio de muchos. El infierno de otros. Hombres y mujeres, manada en la miseria. Prenden fuego, los une, los atrapa, los divierte.
Qué será esa atracción del fuego que invita a más, más llama, más calor, más luz.
Se les va de las manos. Todo se prende. Todo cambia; hasta el olor nauseabundo.
El humo los espantaba. Salen con dificultad, tosiendo, refregándose los ojos, mas hombres que mujeres. Jóvenes y viejos, una veintena, quizás, mareados, borrachos, increpándose unos a otros con violencia. Con o sin fuego viven el infierno.

-Te dije, te dijeeeee, pará de echar porquerías al fuegooooo.
-Mirá , mirá , mirá lo que es.
-Que sí, que la llama, que está de más, de más esta mierda, que tenemos acá. ?No aguanto más, qué calorrrrr.
-Ni manta, ni colchón mojado, nada lo paraaaa.
-Salííí, se te cae encima, salí, salííí

Se ahoga, toce, escupe, se ahoga, no puede con él, lo arrastra, lo abraza.
¡Ya está! No le da, no puede más… Lo mira. ¡Ese fuego está espectacular!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.