La inmortalidad de la duda

Escuchar nunca fue un problema para Carlos, de hecho era su mayor talento, sin dudas. Desde chico le fascinaba escuchar con atención -primero los cuentos que le leía su madre, después los que le contaban sus amigos, y finalmente los de sus pacientes. Escuchaba con aplicación casi obsesiva todo lo que le contaban. Visualizaba cada personaje que le describían, retenía cada detalle.
Analizar tampoco le costaba demasiado. Sacar sus propias conclusiones y contextualizar los cuentos le resultaba un pasatiempo entretenido. Tenía buen olfato para las personas y con facilidad lograba ver entre líneas y llegar al meollo del asunto.
Pero hoy, sentado bajo la tenue luz que entra por la única ventana de su consultorio, jugando con los pelos de su barba blanca, contempla lo pesada que le resulta la carga de ser el que aporta objetividad y trae a la luz la verdad. El que tira abajo las construcciones efímeras de las fantasías y las remplaza por las inamovibles murallas de la realidad.
-Es que estoy muy solo. Si no fuera por Noelia, no tendría con quien hablar estas cosas – desde el diván la voz ronca de Juan lleva el peso audible de la desgracia negada. Continúa hablando con la carga emocional de alguien que hace días espera su turno para hacer su cuento.
¿Y cuán inamovibles son esas murallas de la realidad? se pregunta Carlos, mientras observa los labios de Juan moverse al ritmo de su verborragia. ¿Son realmente inamovibles? Al fin y al cabo ¿no es más feliz alguien que habita en la calidez de su construcción efímera? Mi construcción de la realidad es más inhóspita, sin dudas. ¿Qué aporto con eso?
-Y anoche cuando le pregunté qué pensaba me dijo que estaba de acuerdo conmigo. Y me llamó la atención, entiende doctor. Porque estaba convencido de que me iba a decir que no. Tenía hasta miedo de preguntarle, no sé por qué…
¿Curo con la verdad? O ¿curaría mejor con un abrazo? ¿Cuál es la verdadera sanación? Quizás mi visión de la realidad ni siquiera es realidad. No es más que mi visión. Soy un atrevido que empuja una visión por encima de otra. Hago creer a otros que mi realidad los va a curar. ¡Y me pagan! Dios mío ¡soy una basura! me pagan por eso, porque de eso vivo y de eso me alimento. Pero no los curo, los destruyo.
-Últimamente me siento un poco confundido con ella doctor, cuando le hablo… como que las cosas cambiaron.
Quizás no destruyo pero sí los desarmo, porque alguna vez se vuelven a armar de algún modo ¿o no? ¿Cómo sería contigo Juan: Destrucción o desarmado?
– Como si yo estuviera aferrado a algo que fuimos, pero ahora no hay más que un fantasma del amor que tuvimos, y me siento más solo que nunca.
Desarmado. Te recompondrías en algún momento si te lo dijera… estoy seguro… además ya lo intuís en algún lado de tu ser. Sabés que está muerta Juan. Sabés que hace semanas que hablas solo.
Los labios de Juan dejan de moverse. Se hace un silencio que se empieza a hacer pesado de la expectativa. Llegó el momento que Carlos estaba esperando.
-Terminemos por hoy, Juan – le dice Carlos levantándose con una leve sonrisa. Nos vemos mañana, estamos haciendo muy buen progreso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.