Feliz día

-¡Feliz día! -exclamó Ricardo sonriendo, extendiendo en sus manos un pequeño paquete.
Ella lo miró con indiferencia.
– ¿De dónde venís? -preguntó, sin siquiera ver su regalo.
-Ay, no te pongas con eso ahora…
-Venís de la casa de ella, ¿no? -insistió la mujer?. ¡Claro! Si es más joven, más divertida, ¡cómo no vas a venir de la casa de ella!
– ¡Tranquilizate! -exclamó Ricardo-. Solo vengo de comprar tu regalo…
– ¡Ah! ¡Mirá vos! Lo dejaste para último momento, ¿eh? ¿El de ella hace cuánto lo compraste? ¿Hace una semana? ¿Un mes? -los ojos de la mujer ya estaban llenos de lágrimas.
– ¿Podés abrir tu regalo en vez de quejarte tanto? -pidió él.
Ella tomó el regalo con aire ofendido. Lo abrió y se encontró con una hermosa pulsera de oro.
– ¿Te gusta? -preguntó él sonriendo.
– ¿Y a ella qué le regalaste? -inquirió la mujer, dolida?. ¿Un juego de pulsera, collar y anillo de oro? ¡Fue eso!
– ¡Me cansaste! -explotó Ricardo. ¿Cómo no querés que la prefiera a ella si vos sos así de insoportable?
-Ricardo… -murmuró la mujer, ya llorando.
– ¡Y si es verdad! ¡Te la pasás quejando, mamá! ¡Chau, me vuelvo a lo de mi suegra!

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