Desde lejos te pienso

María,
¿Cómo estás pasando? Mis hijas me mostraron unas fotos que habías puesto en tu facebook. Sabés que odio esas cosas pero ahora que te fuiste pienso en hacerme uno para poder ver las fotos que pones. Al menos así no te pierdo el rastro. Me pareció que estabas más flaca. ¡¿Te están dando de comer bien ahí?!
Te vi sonriente. Hacía mucho que no te veía así y me gustó. Me gustó pensar que estabas pasando lindo, que la vida te estaba dando esta oportunidad.
Por acá todo igual, no te estás perdiendo nada. Te mando un abrazo, Víctor.

Víctor,
¡Qué lindo recibir tu mail! Entré a chequear pensando que no iba a tener noticias de nadie y me sorprendió gratamente ver tus líneas. Estoy pasando divino. Me están haciendo mucho bien estas vacaciones, me he encontrado con mi prima que se vino de Barcelona a verme y nos estamos recorriendo todo juntas como si fuéramos unas gurisas. ¡Vamos a ver cuánto aguantamos! La verdad es que hacía tiempo que no la pasaba tan bien. Ha sido tan difícil todo desde lo de Pedro. Creo que ya ni me acordaba lo que era estar bien y sonreír y despertarme con ganas de hacer cosas. Como si al irse Pedro se hubiese llevado también mi razón de vivir. En fin… Sé que a vos también te afectó mucho esto, y estoy muy agradecida de la compañía que me has hecho en este tiempo. Te vendría bien unas vacaciones. ¿Cómo estás? ¿No querés venirte? Jaja

María.
No hay nada que agradecer. Ha sido un honor para mí poder acompañarte en estos tiempos. Si bien hace años que nos conocemos siento que pese al dolor terrible que me provoca la ausencia de mi amigo, su falta me dio la bendición de acercarme más a ti: una gran mujer. En este tiempo te convertiste en mi amiga, y la verdad es que en estos días que no estás ¡siento tu falta! Nadie me recibe con tortas humeantes y quemaditas en los bordes, no tengo con quien compartir los mates de los domingos de mañana, y la verdad es que las idas a la feria los domingos se han vuelto mucho más aburridas.
Ayer traté de armarme el facebook. No tuve resultado, así que por el momento seguiré disfrutando de las hermosas fotos que ponés, desde el de mis hijas. Saludos a tu prima y que sigas disfrutando.

Víctor.
¡Qué lindas palabras, me emocionaste! A pesar de que estoy pasando divino, confieso que hoy dejé de ir a un museo y me vine a sentar en este cafecito donde me cobran 10 euros el café así podía chequear el mail y ver si me habías escrito. A veces – no te rías – pienso que es un poco raro que hace tantos años que te conozco y he compartido tantas cosas junto contigo y tu familia, pero en verdad no te conocía hasta ahora. Pedro te quería tanto y, por extensión yo también, pero lo hacía sin saber bien por qué. Ahora entiendo por qué Pedro tenía esa adoración contigo.
Lo que quiero decir es que yo también te extraño. Aunque veo esas palabras escritas y me duele el pecho de la culpa de decirlo. Pero bueno, ya hemos hablado mucho sobre la inutilidad de la culpa, ¿no? Así que no las voy a borrar

María.
No puedo parar de leer tu mail. Peleo diariamente con la culpa que me llena el corazón cada vez que pienso en vos. No me había dado cuenta de la importancia que habías ganado en mi vida. Pensé que te estaba acompañando en este tiempo pero en verdad estoy viendo que me estabas rescatando vos a mí. De mi vejez, de mi soledad y de mi desgano. Volví a sentir que tenía un corazón, que late, que extraña. Que quiere.
Hasta antes de que te fueras de vacaciones, no había pensado en ti más que como una amiga que había ganado en la vida. Pero leo tu mail y me vuelvo a sentir como un chiquilín de 20. Tengo ganas de abrazarte, de besarte, de acariciar esas arrugas de tus ojos de las que tanto te quejas, y que no paro de ver en mis sueños iluminándome el camino.

Víctor.
Me siento como una adolescente. Busco cualquier excusa para venir a ver si tengo unas líneas tuyas. Me vine de viaje en busca de felicidad y resulta que la felicidad más grande la encuentro en mi casilla de correos. No pensé que era posible volver a sentirme así. Pensé que había algunos sentimientos que ya no me corresponderían nunca, como esta sensación en el estómago, y las sonrisas solitarias que se apoderan de mi cara cuando pienso en vos. Siento culpas, pienso en lo que diría Pedro, pero a la vez pienso que se pondría feliz de que no estemos solos y tristes. ¿No? Lo cierto es que ya cada vez me importa menos..
Faltan pocos días para volver. No veo la hora de que se pasen.

María.
No sé por qué te escribo si sé que no lo vas a recibir. Supongo que en algún lugar recóndito albergo aún la esperanza de que no sea verdad lo que me dijeron. Lamento con toda mi alma haberte dejado subir a ese avión. Maldigo mi cobardía por no haberte hablado antes de lo que estaba sintiendo. Quizás así no te hubieras ido. Quizás así otros autos hubieran chocado y serían otros los que estarían llorando sin consuelo.
¿Podrás verme desarmado acá, desconsolado por las ironías de esta vida de perros? ¿Estarás con Pedro? ¿Pensás en mí? ¿O soy yo el único infeliz que tiene la maldición de poder extrañar? Quedé atrapado acá en la tierra, aferrado a la luz que por un momento me iluminó, pero que me arrebataron sin piedad.

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