El celular

A punto de la desesperación, arrastrando un desasosiego evidente, Sergio se dejó caer pesadamente en el sillón.
-¿Qué te pasa? Tenés una cara de velorio total ?le dijo Alejandra su esposa.
-Perdí el celular.
-¡Oh! ¿Dónde?
-¡Pregunta boluda! ¡Qué sé yo dónde! Si supiera ya lo tendría, ¿no te parece?
-¡Qué mala onda! Pensá bien dónde estuviste.
-Ya llamé a todos los lugares donde estuve, que no fueron más de tres y ¡nada!
-¿Llamaste a tu número? Capaz que alguien lo encontró y podés arreglar que te lo devuelva.
-¡Otra idea boluda! ¡Claro que llamé! Fue lo primero que hice ¿te pensás que soy idiota?
-Bueno afloja que yo no tengo la culpa. ¡Sos insoportable!
-¡Qué mierda! ¡Tengo mi vida en ese celular! Me tiene mal que desapareció y lo único que hacés es joderme.
En medio de la discusión suena el teléfono de la casa.
-Hola encontré un celular ¿puede que sea de alguien que vive en esa casa? ?dijo una voz femenina y joven.
-Sí, es mío -dijo Sergio, saltando de euforia. Un Samsung Galaxy Alpha, color gris aluminio.
-Sí, es ese que bien ¿cómo podemos arreglar?
-Dígame dónde está y lo voy a buscar ya.
-No me ha entendido señor. Le pregunto ¿cómo vamos a arreglar para que se haga de su celular?
-¡Ah! Entiendo. Querés cobrar. ¿Cuánto querés piba?
-Bueno dígame usted ¿cuánto está dispuesto a pagar para recuperarlo?
-Antes que nada te digo que me parece de una bajeza total lo tuyo. Aprovecharse de otro es denigrante. Abusás de tu posición. Ese celular no vale más de 5 mil pesos, ya tiene unos dos años de uso. Te puedo dar 2 mil pesos y eso haciéndote un favor enorme.
-Señor no piense en el aparato, piense en lo que contiene. Sus datos, sus contactos, sus fotos y sus videos… en especial algunos.
Sergio quedó mudo, no se esperaba eso.
-Y le recuerdo que también hay fotos que… me imagino su esposa no debe saber.
-¿Cuánto querés?
-Pensaba en cincuenta mil pero… ahora dudo sino pedirle más.
-Ni soñar, no tengo ese dinero. Me querés chantajear y eso es inmoral.
-Su moral es dudosa Señor, basta ver los videos. También es inmoral mentir… a su esposa…a mí… pues sus cuentas bancarias dicen otra cosa.
-¿Cómo sabés eso? Nadie puede acceder a mis cuentas.
-Señor la gente es muy tonta y usa la misma clave de seguridad para todo, y usted no es la excepción. Fue fácil descubrir su clave. Usted dirá. Probemos su inteligencia.
-Necesito tiempo.
-Mañana al mediodía, es lo más que le doy.
Sergio se dio cuenta que no tenía alternativas, pagaba o su esposa se enteraría de todo. Pero, si pagaba seguramente lo seguirían extorsionando.
Esa noche le contó todo a Alejandra, con lujo de detalles.
Fue el fin.
Al mediodía siguiente sonó el teléfono, Sergio ya sabía qué hacer.
-Bien señor, ¿qué decidió?
-No quiero el celular, ya no lo necesito.
-Muy bien. Alejandra ya tiene la grabación de su confesión. Lo único que la impulsó fue saber la verdad. Puede encontrar su celular en una caja de zapatos en el placar de su dormitorio, siempre estuvo allí.
Le deseo buena vida. Y colgó.

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