Casi un suicidio

-Me parece espantoso que vivas tan desacomodado. No te estoy hablando del caos del dormitorio, ni de la palangana grasienta de la cocina, ni del patio con más tierra que plantas. Te estoy hablando de que vos ya no tenés remedio para salirte de la situación en que estás. Dejá todo a un lado y empezá de nuevo. Olvidate de que fuiste rico, que vivías como un payá y desperdiciabas la guita en lo que se te antojaba. Olvidate de que las minas morían por tu voz y que cuando te conocían las matabas con tu timidez. Todas jugaban a las madres contigo cuando las llevabas a la cama. Les despertabas entre pasión y besos, el instinto de protección, y dejaban todo lo que tenían a tu disposición. A más de una la dejaste en la ruina. Se acabaron esos tiempos, viejo. Ya nadie te presta un mango, mucho menos una mina porque, para ellas, sos invisible. Da vuelta la hoja, y acomodate. Ahora vas a tener que laburar. ¿Te acordás de aquello de que “todo bicho que camina, va a parar al asador”?, vos vas a tener que caer en una oficina pública. Desde que te conozco sos un bueno para nada. Así que, despertate y empezá a buscar empleo. Si no servís para nada, mejor, mucho mejor, vas a tener más posibilidades para muchas cosas donde no se requiere a nadie que sirva para algo. Y desde ahora en adelante, ni se te ocurra timbear para probar suerte. Los pocos pesos que tenés, no los arriesgas más ni a la ruleta, la raspadita, el 5 de Oro o cualquier pozo de plata. Te lo digo en serio, no vas a poder pasar ni a tres cuadras de los lugares de riesgo. Y nada de trampas, aquí estamos parados en un todo o nada, o me hacés caso o morite. Ya llegaste al límite de mi paciencia y tocó fondo. Ya vendiste todo lo que heredaste de los viejos, hasta el marco de la fotografía lo mandaste a remate. Si hubieran dado con el precio, hasta tu alma, habrías vendido. Te pasaste de bohemio, viejo; ahora sos un linyera. Y no es por alabarte pero ni siquiera te queda un rasgo de inteligencia, aquélla que cuando éramos chicos, usabas para torturarme frente a papá y mamá, mientras yo tragaba dolor y rabia. Fijate hermano, si te acordás del tu bi or no tu bi, el que usabas cada vez que te la jugabas para embromar a otro, como cuando te salieron de garantía y nunca pagaste el alquiler, o como cuando alquilaste un coche y chocaste y lo devolviste como nuevo con remiendos ocultos. Siempre fuiste un cachafaz pero aún así, te prefirieron. Bueno, ahora sabelo, no vas a vivir más de mí. Me borro, mejor dicho borrate vos de mi vida. No me molestes más porque no existo. Esa es mi forma de ayudarte. Allá vos con tu escala de valores.

Ganate la vida, zopenco. ¡Pará! ¿Qué hacés? ¡Pará un poco! Dejá eso, che, no jugués. ¿No sabés que a las armas las carga el diablo? Dejala y escuchá. ¿Te acordás del tío Perico, que tanto embromó jugando a la ruleta rusa y que al final se pegó un tiro? El tío Perico, tu preferido. El que te llevaba de viaje a Europa todos lo años, el que te malcrió y te dio todos los vicios, el que te hizo creer ganador de cuanta mujer se te cruzara. El que te metía contrabando en la maleta y después repartían las ganancias. ¿Te creés que no lo sabía? ¿Y que no sabía que era marica y vos lo ayudabas? Pará, loco, ¿qué hacés? Dejá el arma te digo, no apuntés ni en broma, no es un juguete. Ni siquiera sabés si está cargada. No, loco, no saqués el seguro, no, no, no ¿qué haces? pará, pará, pará, pa…

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