¿En serio o en broma?

La fiesta de cumpleaños número cuarenta de la hermana de Raúl estaba en su apogeo.
Los asistentes, luego de los saludos de bienvenida, se habían sentado en largas mesas vestidas con manteles de lino color marfil y candelabros decorados con flores en tono damasco.
Bandejas de canapés hacían las delicias de los comensales quienes degustaban los bocados acompañados de un buen whisky escocés, un bourbon o un Don Perignon.
Raúl seguía con interés las conversaciones de sus compañeros de mesa que abordaban temas de actualidad tan disímiles como la política internacional, el fútbol, la suba de combustibles o los últimos videos subidos a youtube.
Como consecuencia de la ingesta alcohólica, el clima se tornó más distendido lo que animó a algunos a contar chistes.
– Ey, Raúl -le dijo su primo palmeándole la espalda- ¿Cuántos economistas hacen falta para cambiar una bombita?… Ninguno. Si se necesita cambiar la bombita, el mercado ya se habrá encargado de ello.
– Mmmm -respondió el aludido- Esbozando una forzada sonrisa y pinchando con violencia un entremés para disimular la incomodidad. Cagón…Estúpido… Le tenés miedo al gordito del barrio.
-Pero che…-se sorprendió el primo- ¡Qué poco sentido del humor que tenés!
-Ja,ja,ja ¡Tengo otro! -gritó el cuñado de Raúl- ¿Cómo hacen el amor los economistas?… Lo hacen con interés. Ja, ja, ja ¿No está buenísimo? ¡Dale!, Raúl… No pongas esa cara de muerto…
Mariquita…Gil No sabés tratar a las minas…
– ¡Miraaaaa loco! ¡Escuchá este! -volvió a intervenir el primo- ¿Por qué Dios creó a los economistas?… Para que los pronósticos del tiempo nos pareciesen buenos… Ja, ja, ja
-¿Qué te pasa Raúl que te aflojás la corbata? ¿Ya se te subió el Chivas a la cabeza?.
Burro…no hacés bien los deberes
– ¡Viva! ¡Buenísimooooo! -proclamó la homenajeada cuyos reflejos se habían enlentecido por el champagne y recién había entendido el chiste-.
-Pero…yo sé otro… Oigan… -habló arrastrando las palabras debido al mareo.
¿A que no saben lo que dice la mujer de un economista?… Estoy pensando en dejar a mi marido. Todo lo que hace es sentarse en la cama y decirme lo buenas que se van a poner las cosas. Juaaaaa ¿No está buenísimo? ¡Por favor, hermanito! ¿Qué te pasa? ¡Tenés una cara! Ustedes los economistas…siempre tan formales… ¿No podés aguantar una broma?
Abombado…no metés un solo gol.
Hic… hic… disculpen… me retiro…voy a la otra mesa a sacarme unas fotos.
Raúl hizo unas señas al mozo para que volviera a llenar su copa. Estaba muy molesto.
Toda su vida había sentido las bromas como misiles disparados por otros para destruir su precaria autoestima. No toleraba las jugarretas o novatadas tan comunes entre los hombres de su edad. Se protegía bajo la muralla de su profesión. El acreditado licenciado en que se había convertido, lo ayudaba a hacer frente a una sociedad despiadada y competitiva.
Durante toda su niñez y juventud, el estudio había constituido para él un refugio frente al trato humillante por parte de su padre. Este, se mofaba de él, con la perversa convicción de que dicha estrategia educativa podría obligarlo a cumplir con ciertas conductas que según su progenitor eran propias de su género.
Su padre daba grandes risotadas al ver la cara compungida de su hijo que lo miraba con ojos llorosos, bajo la presencia indefensa de su madre, incapaz de frenar dichos atropellos.
En la Universidad, Raúl se destacó como el alumno más sobresaliente de su generación, mérito que le valió al egresar, un puesto de directivo del sector financiero de una reconocida empresa agro-industrial.
Entre, números, gráficas, datos e indicadores se hallaba muy a gusto, pero en cuanto a las relaciones humanas, en lo que tienen de impredecibles y feroces, se sentía paralizado y no sabía cómo actuar.
Por tanto, allí sentado a la mesa, frente a tantas bocas risueñas que se divertían a costa de él, sintió subir la indignación hasta su garganta. Percibió la presión de la rabia impactar contra sus amígdalas y el galope de su corazón. Respiró muy hondo, dio dos o tres sorbos de su copa y se desató totalmente la corbata. Tomó el pequeño cuchillo de untar el caviar y comenzó a golpearlo en el borde de la copa para atraer el interés de todos.
-¡Atención quisiera tener unas palabras! -dijo subiendo el tono de la voz.
Varios pares de ojos lo miraron, esperando un discurso en honor a la anfitriona.
-¡Es importante! ¡Quiero hacer unos anuncios! –aclaró. Mi estimado primo Roberto, ejecutivo de una reconocida multinacional farmacéutica, pagó una importante coima en una licitación. Mi cuñado y su amante estarían implicados en un fraude con tarjetas de crédito. Querido suegro como responsable de un proyecto dentro de la compañía “desviaste” parte de los fondos, ¿no? … así te hiciste la casa que tenés en José Ignacio. Juan, amigo, sos el responsable de emitir facturas falsas a proveedores y tu mujer reveló información confidencial a la competencia… ¿Qué me dicen ahora? ¿Se quedaron mudos? ¿No pueden creer lo que escuchan? ¡Cambien esas caras de pánico! Ja,ja,ja ¡Todo es una broma!…¿O… será en serio?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.