Marrón

Personaje gris, quizás le vaya mejor el marrón, o un indefinido entre los dos colores.
Así era la vida de Juan, la casa de Juan, la mujer de Juan, los hijos de Juan, la madre de Juan. Nada tenía color. Tampoco lo buscaba
Entregado a la miseria y a la desidia; conseguía alguna changa de vez en cuando, con lo que iba tirando. Se dejaba llevar así… por la mediocridad y el mal trato que recibía de los que lo rodeaban.
La madre y la mujer con aquel: “No servís para nada” “Hace algo, yo no puedo con todo, friego en casa, friego afuera de casa y vos ahí tirado, fumando, tomando mate, mirando el techo, ¡hace algooo!” o “M ‘ hijo siempre estás esperando que te vengan a buscar para ir a trabajar. Es uno el que tiene que encontrar”, le decía la vieja ya harta de tanta haraganería mientras ella, a pesar de sus años, apechugaba en gran medida ayudando a la familia.
Juan siempre soñaba. Sus pensamientos se iban más lejos cuanto más lo cargaban de responsabilidades. Él quería hacer algo grande.
Ellas hablaban y él soñaba, deliraba, gozaba, imaginaba. No las escuchaba, por suerte.
El martes subió al ómnibus, volvía de una changa a las 9 de la noche desde la Ciudad Vieja. Ya no había tanta gente, diez o quince pasajeros.
Él vio clarito cuando se subió el chorro, conocía bien el elemento.
El tipo a cara descubierta, sin pudor – ¿para qué?-, levantó a una chica en vilo, la sujetó violentamente y le puso una sevillana en el cuello, todo en segundos.
Gritó nervioso, con movimientos bruscos, “se sacan todo, plata celulares, anillos, todoooooo o esta la queda”. Al conductor le avisó que ni se le ocurriera parar porque el final sería sangriento.
“Vos, vos, tarado”, le dijo a Juan, “junta todo, junta todo, rapidito”.
Otro más que ni me conoce y me trata de tarado pensó Juan, ya, como siempre, entregado.
Juan recogió todo lo que la gente le iba dando, con cuidado se dirigió al frente del ómnibus en movimiento y así fue, en una curva, aprovechó a tirarse a los pies de la chica, lo que desestabilizó al chorro, haciéndolo caer.
Juan forcejeó con el tipo hasta que el conductor frenó de golpe y la sevillana se le clavó en la espalda al delincuente y entre más de uno pudieron con él.
Se llevó las palmadas y el reconocimiento como un héroe.
Héroe en su imaginación, en su mundo onírico, en algún lado… por favor.
Estaba tan cansado que se durmió.

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