No soy gallina

Manuel era un gran amigo. Ávido tomador de whisky, compañero fiel de futbol 5, a pesar de los años y los kilos que le impedían tener un gran desempeño, y, sin dudas, el mejor asador de la barra. Era el infaltable bromista, al que no se le escapa nada, el solterón, el intransigente, el prejuicioso.

Motivado quizás por sus propias inseguridades, Manuel estaba siempre riéndose de los demás, y como siempre hay más de uno dispuesto a reírse de los infortunios de los demás con tal de olvidarse de las propias, solía ser el alma de la fiesta.

Pero el rencor mudo que nace al ser objeto constante de burlas no se muere. Se almacena en algún lugar secreto donde yace esperando pacientemente la venganza. Es por eso que cuando Jorge contó su idea para la broma en ausencia de Manuel, no hubo nadie que objetara.

?Se muere ? había dicho Oscar entre risas imaginándose la cara de Manuel al descubrirlo.

?O ¡lo mata! ? exclamó Alfredo. Las carcajadas de sus amigos llevaban ya el peso de la madrugada y el alcohol. La broma había sido el tema de la noche, sin dudas era perfecta para Manuel.

Al día siguiente, al terminar el partido, Jorge le comentó a Manuel que tenía una chica para presentarle. Entre miradas cómplices de sus compañeros lo apretaron para que la llamara y la invitara a una cita a ciegas. A Manuel lo puso nervioso la situación, pero más miedo le daba que sus amigos lo tildaran de gallina por lo que accedió.

El miércoles en que se concretaría la cita los amigos esperaban ansiosos la llamada enfurecida de Manuel, pero las horas pasaron y no había novedades.

?¿Y? ?le preguntó Jorge con tono demasiado ansioso cuando se vieron al día siguiente en la cancha.

?Pah. No sabés. ¡Una divina! Te iba a llamar para agradecerte. Estuvimos toda la noche charlando como si nos conociéramos de siempre. ¡Tan bien! Como si fuéramos amigos. Estoy copado. ¿Sabías que corría en moto cuando era adolescente?

Las miradas risueñas de sus amigos se convirtieron en desconcierto.

?Pero… ?Jorge no se animó a terminar la frase. Qué raro. Qué incómodo.

?No sé… Nunca me había pasado. Hoy nos vemos de nuevo.

La confusión de sus amigos se convirtió en silencio. No lograban entenderlo. Esa noche luego de que Manuel se retiró lo hablaban con preocupación. ¿Sería un chiste de Manuel? ¿Estaría continuando la broma? Pero su alegría parecía auténtica, ese tipo de emoción es muy difícil de fingir. Y en tal caso ¿Cómo no se había dado cuenta? Lo presionaron a Jorge para que les dijera qué tan evidente era. ¿No tenía fotos? Jorge no sabía que contestar. Él no se había dado cuenta solo, se lo habían tenido que decir, esa era la gracia de la broma. Pero él solo había estado unos minutos, nunca pensó que en una noche entera Manuel no lo iba a notar.

Los días pasaron. El tema estaba en la mente de todos cada vez que lo veían a Manuel, que aparecía con un nuevo cuento de enamorado cada vez que lo veían. Sus amigos estaban horrorizados, no podían escucharlo más hablando así, era una vergüenza, ¡tenían que advertirle! Pero no sabían cómo hacerlo, era un tema perturbador. Decidieron que era mejor no hablar.

La relación semi-platónica de Manuel progresaba. Daba pasos agigantados hacia convertirse en relación carnal y, ante el avance inevitable, al final, fue ella que le tuvo que decir la verdad. Se lo dijo con la esperanza de que lo entendiera, pidiéndole que se concentrara en lo que sentía, que se liberara de los códigos binarios que la sociedad le había impuesto. Salió llorando de la casa de Manuel. Mezcla de dolor, furia y decepción.

A los pocos días, a Manuel lo encontraron muerto.

Era más digno matarse que admitir que había amado otro ser humano.

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