Sueño de un cordófono de cuerda pulsada

El olor a madera me inunda: húmedo y otoñal, intenso y encerrado. Se mezcla con el frio del metal que me atraviesa. La combinación es deliciosa, dejo que me invada, la disfruto. Este aroma soy yo ahora, lo reconozco de inmediato y no puedo creer mi suerte.
Sus manos se acercan y siento el hormigueo de la excitación antes de que me toque. Reconozco los dedos duros y fuertes de un maestro, unas garras con mi forma, las uñas largas imanes que me añoran, las yemas de los dedos que no necesitan verme para encontrarme porque me sienten desde lejos, como lo hacía yo en mi otra vida, hasta el último respiro que di, con una igual a mí colgada de mi cuello, deleitando a una sala llena.
Me coloca sobre su falda. El calce es perfecto, una horma a medida. Me vuelvo una extensión de él, su voz, su corazón fuera del cuerpo.
Ardo de la expectativa. Mi madera ronronea cuando siento el calor de sus manos sobre mí, estoy a punto de desbordarme, siento que no puedo albergar tanta emoción y cuando sus dedos tocan sutilmente mi metal me derramo en un acorde grave y penetrante. Me esparzo, me multiplico y vibro por el espacio. Viajo en un cuerpo celestial invisible, acaricio las paredes con mi magia y reboto en una nota sostenida. Me convierto en infinito y luego del eco vuelvo a ser uno.
Nunca imaginé que fuera posible este éxtasis. Tantas veces desde el otro lado mis dedos tantearon las cuerdas para expresar una emoción, intuyendo que había algo más que lo audible. Tantas veces soñé que tocaba el corazón de mis oyentes. Ahora se que era cierto.
Las luces se prenden. Oigo aplausos. Me preparo para el estruendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.