Julia

Sirvienta eternizada
sin edad.
Vio nacer a todos,
morir a muchos.
Siempre ahí,
dispuesta
ruda
dedicada,
tenaz
silenciosa,
liviana,
transparente.

Si salía, su destino era incierto.
Volvía al atardecer
sigilosa, imperceptible.
Con la luz en sus bolsillos.

Ante la muerte,
permaneció cerca,
desafiante
en silencio tras las cortinas
hasta el final,
solo los rincones
consolaron su llanto
Se quedó sin lágrimas.

Un día,
desapercibida,
atravesó el umbral
con su atadito de ropas.
Así,
silenciosa,
liviana,
transparente,
se perdió en la penumbra.

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