El Patrullero

 

─Buenos días, oficial.

─Buenos días, caballero. Permítame decirle que es un placer recibirlo en esta Comisaría. ¿Cómo podemos ayudarlo señor?

─Gracias. Vengo a hacer una denuncia.

─Pero amigo… ¿se ha dado cuenta lo hermoso que está el día? ¿Por qué no deja para mañana la denuncia? Disfrute el Sol, lo piensa mejor, se tranquiliza y vuelve mañana que con gusto lo recibiremos como acostumbramos, con total amabilidad.

─ ¿Me está pidiendo que no haga la denuncia? Me robaron hace un rato el auto en plena calle, dos muchachos.

─Comprendo señor, cálmese. ¿Gusta un café? Es de los buenos.

─No quiero café, quiero que me tome la denuncia y que investiguen, que para eso les pagamos.

─Con mucho gusto. De verdad un placer recibirlo. Cómo sabrá ahora cobramos las denuncias. Debe abonar previamente un impuesto en el Ministerio y luego puede realizar la denuncia. Pero ya le advierto que hay al menos doscientas antes que la suya. Es que, como ya se sabe, el presupuesto no alcanzó para comprar un patrullero. Por eso el Ministerio nos autorizó que con la recaudación de las denuncias compremos uno.

─ ¡Qué disparate! Pero habrá policías que patrullen aunque sea a pie ¿o no?

─Bueno, haber hay. Pero no tenemos dinero para el uniforme y tampoco para balas. Así que por ahora hacen tareas administrativas. Hay mucho papeleo.

─Ahora entiendo porque hay tanta criminalidad.

─No señor, discúlpeme. Las estadísticas confirman que en los últimos tres años hemos llegado a disminuir considerablemente las denuncias. Y, obviamente, si no hay denuncias es porque ha bajado la taza de crímenes.

─Pero me está diciendo que se cobra la denuncia, ¿quién va a denunciar así?

─La estadística no miente señor. Además, cuando podamos sacar el patrullero a la calle, y le digo que ya hay muchos vecinos que han comprado sillas para verlo pasar, entonces la ciudad estará mucho más segura y bajará aún más las cifras de delitos.

─ ¿Cómo es eso de las sillas?

─Una idea brillante del Cabo Perdomo. Se le ocurrió alquilar sillas, como se alquilan para el desfile de carnaval. pero para ver pasar el nuevo patrullero. Será todo un acontecimiento ¿se imagina? Ya hay vecinos que han comprado varios talones. Aún no tenemos la fecha de salida del patrullero a la calle, pero han comprado para ese día y el siguiente y el siguiente, y así hasta fin de año.  Una idea brillante. Con la recaudación estamos juntando para los uniformes y parece que sobrará algo para comprar cachiporras y algunas balas.

─Pero, ¿el Ministerio no les da nada? Es al Gobierno a quien le corresponde comprar eso.

─Querido amigo, el gobierno ha hecho mucho. Fíjese ¡cuánto a descendido la criminalidad! Eso se lo debemos al gobierno. No hay que exigirle tanto. Hace lo que puede, créame. Y la ciudadanía está contenta. Solo esperamos el patrullero, que, con la ayuda de la gente, pronto será una realidad.

─ ¡¿O sea que hasta que no llegue el patrullero no van a investigar mi caso?!

─Lo haremos señor, claro que sí. La policía de esta ciudad siempre está comprometida con su gente y su problemática. Solo le pido que venga mañana a hacer la denuncia.

─ ¿Por qué no puedo hacerla hoy?

─Nos prometieron del Ministerio que mañana tendríamos un lápiz. Se nos ha terminado la semana pasada el que teníamos asignado en el presupuesto. Así que mañana podremos atenderlo como es nuestra costumbre, que tantas satisfacciones le han dado al pueblo.

─Si es por eso, yo tengo una lapicera aquí.

─El problema Señor es que solamente podemos usar el lápiz que nos da el Ministerio. Las leyes son las leyes y están para cumplirse. Pero, ya que está tan abierto a apoyarnos, ¿no quiere usted un talón para las sillas? Lamentablemente solo me quedan en la tercera fila y tendrá que pararse cuando pase el patrullero.

─Bien, deme dos.

─Es usted muy amable Señor, ya verá que su auto va aparecer. Sabemos muy bien que es la banda de los hermanos Gómez los que roban los autos.

─Y, ¿por qué no los apresan?

─Verá, el Señor Juez no quiere firmar la orden de detención hasta que no le hagamos rebaja en el pago de dos sillas para ver pasar el patrullero.

─Y, ¿por qué no le regalan los tickets y ya?

─El Señor Ministro nos ha pedido que no lo hagamos, porque no quiere que se pueda interpretar como un acto de corrupción. El Sr. Ministro ya ha hablado con los Ministros de la Suprema Corte para que sean ellos quienes compren los tickets de las sillas del Sr. Juez, así firma la orden de detención. Aunque la Suprema Corte ha dicho que hasta el próximo presupuesto no tendrá dinero disponible para eso, así que estamos esperando.

─No se preocupe oficial. Yo pago los dos tickets para el Sr. Juez.

─Eso sería intromisión en la justicia, mi querido amigo.

─Entonces, dígame ¿cuál es el nombre del Juez así habló directamente con él?

─El Sr Juez Gómez. Él es el hermano mayor de los hermanos Gómez.

─Pero… o sea… es decir…¡él tendrá que emitir una orden de detención de sus propios hermanos! ¿O me equivoco?

─Está en lo cierto. Pero creemos firmemente en la probidad del Sr. Juez.

─ ¡Pero los está chantajeando con los tickets de las sillas! ¿De qué probidad me habla?

─Bueno, en realidad es comprensible… hace seis meses que no le pagan el sueldo y no tiene dinero para los tickets.

─ ¿Cómo que no le pagan? ¿Y qué hicieron con el dinero asignado a sueldos?

─Verá usted, se gastó el dinero que había para pagar los sueldos de los jueces en una colonia de vacaciones que hicieron para los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, que se lo merecían por todo lo que trabajan. Están muy estresados. También a veces invitan al Ministro y al Jefe de Policía.

─Con eso hubieran comprado varios patrulleros.

─Bueno, en realidad compraron uno, con un resto que sobró. Pero el Ministerio lo tuvo que vender para pagar una deuda que tenía con la confitería que organiza las fiestas que suelen dar.

─Esto es un desquicio de país.

─Pero se vive bien Señor, ¡no me diga que no! Es un país libre, tranquilo y la gente está contenta. Eso es lo importante.

¡Solo necesitamos un patrullero!

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