Silencio revelador

¡Hace tanto que te lo pido! Lo de anoche fue terrible, insoportable. No quiero que se repita nunca, nunca más. Tenés que prometerme que es la última vez que pasamos por esto. Y…, ¿sabés?,  no sólo lo digo por vos y por mí, sino también por ella. Estoy con pena, una profunda pena por los tres. Estuve pensando que, si yo estuviera en su lugar, actuaría tal cuál lo hace. Pelearía por tu amor, por vos, a cualquier hora, en cualquier lugar, borracha, como estaba ella, o lúcida y hasta dormida.

Una noche soñé que te perdía, ¿te acordás? Fue aquella noche en que me morí de celos porque miraste a la mujer de tu jefe con mucha admiración. En el sueño me transformaba en un ave de rapiñaba, te seguía desde el aire y observaba todos tus movimientos para poder atacarte,  sacarte los ojos, vengarme por lo que habían mirado, borrarles la pasión que los había iluminado.

Yo la entiendo. Pero esto se tiene que acabar y ya. El escándalo fue demasiado grande. Nuestros amigos, los vecinos, los chicos, todos involucrados en una escena de terror mayúscula. ¿Por qué llegar a esto? ¿Es que no podés, a esta altura de nuestra relación, manejar a tu ex mujer de tal manera de que se tranquilice y termine aceptando que es a mí a quién querés? ¿Qué pasa contigo? Hablá, decíme algo, por favor… No podés seguir ignorándola.  Tenés que pararla.  ¿Qué es lo que te detiene? ¡¿Qué…?!

¿Seguís queriéndola…?

¡Qué tonta soy! ¡Qué tonta fui! Tengo que aceptar que tu silencio es un sí.

El sí más rotundo y sordo que jamás escuché.

Entonces, es evidente que quién se retira soy yo.

La mecha estaba encendida y la bomba acaba de explotar en mi cara.  Adiós. Mañana pasaré a buscar mis cuadros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.