El hombre que se comió a sí mismo

—Estoy enfermo Doctor. Me duele el estómago.

—Vaya amigo se le nota en la cara.

—Siento hambre y no puedo dejar de comer. Es horrible, como todo el tiempo —y se metió un sándwich en su enorme boca.

—¿Cuándo empezó?

—Creo… (crunch ñam ñam) que cuando mi esposa me dejó… (crunch ñam ñam)…

—Es un trastorno de ansiedad. Tome estas pastillas, dos por día, y venga a verme en una semana.

Una semana después el hombre había aumentado diez kilos y no paraba de comer.

—Me estoy suicidando placenteramente Doc.

—Está muy ansioso, tome tres pastillas por día y venga a verme en dos semanas.

A las dos semanas el hombre volvió. Esta vez con muletas y sin el pie derecho.

—¿Qué le pasó amigo?

—Me comí el pie. No puedo parar Doctor, deme algo por favor.

—Bueno, aumentemos la dosis. Tome cinco pastillas y venga en tres semanas.

—¿Es grave doctor?

—Tranquilo, confíe en mí.

Veinte días después, volvió sin el brazo izquierdo.

—Esta vez fue el brazo Doctor, me estoy comiendo de a poco.

—Está muy ansioso amigo. Vamos a cambiar la pastilla. Esta es muy buena, tome seis por día y venga en un mes.

Pasaron treinta días y el hombre volvió en una silla de ruedas automática.

—Aquí me ve Doc, me comí las dos piernas y el brazo derecho. Ya no queda nada de mí.

—Qué barriga tiene amigo, hay que bajar de peso. No es bueno para la salud. Tómese además de las seis pastillas dos de estas amarillas antes de cada comida. Vuelva en dos meses.

—Estoy con mucha gastritis también.

— ¡Ah”, y sí, es lógico. Agregue esta pastilla azul después de cada comida.

El hombre volvió.

—¿Cómo le ha ido amigo?

—La gastritis pasó, Doctor.

—Yo le dije: “Confíe en mí”. Agregue esta pastilla violeta cada 12 hosras y vuelva en seis meses.

Pasó el tiempo… El hombre no volvió más.

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