El hombre que se comió a sí mismo

—Estoy enfermo Doctor. Me duele el estómago.

—Vaya amigo se le nota en la cara.

—Siento hambre y no puedo dejar de comer. Es horrible, como todo el tiempo —y se metió un sándwich en su enorme boca.

—¿Cuándo empezó?

—Creo… (crunch ñam ñam) que cuando mi esposa me dejó… (crunch ñam ñam)…

—Es un trastorno de ansiedad. Tome estas pastillas, dos por día, y venga a verme en una semana.

Una semana después el hombre había aumentado diez kilos y no paraba de comer.

—Me estoy suicidando placenteramente Doc.

—Está muy ansioso, tome tres pastillas por día y venga a verme en dos semanas.

A las dos semanas el hombre volvió. Esta vez con muletas y sin el pie derecho.

—¿Qué le pasó amigo?

—Me comí el pie. No puedo parar Doctor, deme algo por favor.

—Bueno, aumentemos la dosis. Tome cinco pastillas y venga en tres semanas.

—¿Es grave doctor?

—Tranquilo, confíe en mí.

Veinte días después, volvió sin el brazo izquierdo.

—Esta vez fue el brazo Doctor, me estoy comiendo de a poco.

—Está muy ansioso amigo. Vamos a cambiar la pastilla. Esta es muy buena, tome seis por día y venga en un mes.

Pasaron treinta días y el hombre volvió en una silla de ruedas automática.

—Aquí me ve Doc, me comí las dos piernas y el brazo derecho. Ya no queda nada de mí.

—Qué barriga tiene amigo, hay que bajar de peso. No es bueno para la salud. Tómese además de las seis pastillas dos de estas amarillas antes de cada comida. Vuelva en dos meses.

—Estoy con mucha gastritis también.

— ¡Ah”, y sí, es lógico. Agregue esta pastilla azul después de cada comida.

El hombre volvió.

—¿Cómo le ha ido amigo?

—La gastritis pasó, Doctor.

—Yo le dije: “Confíe en mí”. Agregue esta pastilla violeta cada 12 hosras y vuelva en seis meses.

Pasó el tiempo… El hombre no volvió más.

Tic Tac, Tic Tac. Tic Tac…

Ellos no lo saben pero en 15…

Sí, en 15 minutos habrán muerto.

Sí, él, su esposa y el pequeño.

Todos muertos.

¡Bien muertos!

Sólo en 15 minutos.

¡Ah! ¡Si supieran!

¡Bah!, igual nada podrían hacer.

¡Ya están muertos! Aunque aún no lo saben. Ja, ja, ja.

Sólo en 12 minutos. Sólo faltan 12 y… morirán.

Y no podrán hacer nada.

Tic Tac, Tic Tac, Tic Tac, …

Les queda sólo 7 minutos.

Pobres ilusos, pensaron que se iban a despertar mañana.

No, ja ja,ja. Morirán hoy. Sí, en apenas 4 minutos.

Eso es todo lo que les queda, unos míseros 2 minutos de vida.

Un minute…

Tic Tac, Tic Tac. Tic…

Gracias a mi prepucio ya no soy ateo

Mi relación con Él ha sido siempre caótica. Nos conocemos desde que era chico. Nos presentó un cura; aunque no me habló muy bien de él, por cierto. Me quedé con la idea que el tipo me vigilaba todo el tiempo, que era un cabrón y le gustaba ensañarse con los que no le hacían caso. Como yo siempre fui medio rebelde, tuvimos problemas casi desde el inicio. No le tenía miedo, como le pasaba al resto de mis compañeros de la escuela. Más bien me generaba un poco de rabia, rebeldía y ganas de pegarle una patada en el culo.  Me aguantaba porque tampoco soy estúpido. Después, fui creciendo y me dejó de importar. Más bien lo negaba. Me hice comunista primero, luego anarquista y ya no le di ni bola. Siempre desafiaba a cualquiera a que me demostrara su existencia. Como eso nunca ocurrió, más terco me ponía hasta asegurar que era todo un cuento.

Hasta que una noche me ocurrió algo inesperado.  Concurrí a una fiesta descomunal en casa de un amigo. Sus padres se habían ido de viaje y se le ocurrió organizar un baile en su casa. Muchas mujeres, música bien alta, alcohol y cigarros.

Tomé más de la cuenta y también nos besamos más de la cuenta con una amiga, que también había tomado más de la cuenta. En medio de tanta excitación, antes de irnos a algún lugar, fui al baño.

Apenas podía sostenerme en pie, era difícil mantener puntería en ese estado. Mi risa y el mareo me dificultaban una tarea que sabía hacer a la perfección. Aunque el problema surgió al terminar. Apurado y atolondrado como soy, pero exageradas esas dificultades producto del alcohol (y por lo que me estaba esperando), hicieron que mis manos

des-coordinaran su trabajo y lo inevitable ocurrió. El cierre del vaquero atrapó mi prepucio. El dolor ahuyentó mi exceso de alcohol casi de inmediato. Sentí una oleada de calor que casi revienta mi cerebro. Empecé a traspirar y quedé petrificado sin saber qué hacer, mi boca quedó abierta, mis piernas duras y mi espalda se tensó como gato antes de una pelea. No podía llamar a nadie, sería un quemo y seguro que mi amiga saldría disparando ante tamaña lesión, más allá que podría haber quedar lesionado para toda la vida, incluso impotente. Tampoco podía gritar, no me daban las fuerzas porque cualquier intento de moverme o tensionarme me provocaba un dolor insoportable. ¿Qué hacer? Tendría que ser rápido porque en cualquier momento entraría alguien al baño.

Traté de agacharme, pero fue como si tiraran de mi miembro con una pinza. Estirarme tampoco funcionó, se tensó aún más mi abdomen con un dolor inaguantable. Miré desesperado el botiquín del baño. Buscaba algo que pudiera ayudarme. Me fui acercando muy despacio, casi al ritmo de una momia caminando sobre suelo recién encerado. Levanté con temor mi brazo y abrí el botiquín. Mi glande estaba enorme y colorado, necesitaba enfriarlo. El botiquín parecía un almacén. Cepillos, broches y spray para el cabello, toallitas húmedas, rollos quita pelusas,  gel,  ligas de pelo,  desodorante en spray, crema para las manos, polvo traslúcido, lima de uñas, tijeritas, esmalte de uñas transparente , aspirinas, antiácidos, curitas, sal de uvas, tampones, repelente de insectos, enjuague bucal,  pañuelos, talco, gotas para los ojos, hisopos, papel quita grasa para rostro,  horquillas y pasadores, pegamento de pestaña postiza, rastrillo, bloqueador solar, lápiz labial, brillo, rímel, una serie de frascos de colores varios , varias pomadas, etc. En un rincón, una brocha y maquinita de afeitar.

Busqué entre los frascos, tomé uno que decía Acqua Di Gio, ¿será el agua de Giovanni, mi amigo?, pero no… No era agua… tenía alcohol… me ardió hasta los dientes… sudaba abundante y las lágrimas inundaban mis mejillas. De bronca tiré una patada al pie de la pileta y el cierre maldito casi me la corta… maldije al desgraciado inventor de los cierres metálicos… seguro fue una mujer… ni idea del daño que podía hacer… deberían de prohibirlos… ¿Cómo es posible que no se pueda destrancar una porquería de cierre? ¿Por qué no los hacen digitales? Una App para abrir y cerrar los cierres desde el celular. Mi cabeza iba a mil. El ardor era inaguantable… tomé una pomada… en el apuro leí: Gel para adelgazar… y le di con todo, pensando que al menos me iba a bajar la inflamación. Para mi estupor empecé a sentir que me quemaba… contenía un gel caliente de los que usan las mujeres para bajar la grasa… a esta altura creí que lo mejor era cortármela y listo… pero mi orgullo machista era más fuerte. Me decía constantemente vos podés… vos podés… encontrá algo rápido antes que se caiga… Golpean la puerta y siento la voz de mi amiga diciéndome muy sensual… “apurate que tengo muchas ganas de que nos vayamos…” ¡Cómo para irme estaba yo! Tras ella, otros golpeaban la puerta del baño… la cerveza hacía su efecto y ya había fila para entrar… En mi desesperación, llorando supliqué a Dios “por favor, si existís, salvame de esta…”. Tanta era mi angustia que tiré con fuerza del cierre para aquí y para allá hasta que… ¡MILAGRO! Se soltó.

Como pude, me arregle un poco, me mojé la cara y salí sonriente, aunque caminaba como si me hubiesen robado el caballo… “¡wow! hermano, envidia sana”, me dijo un flaco más borracho que yo que no sacaba sus ojos de mi pantalón… Mi amiga también miró con una mirada tierna y libidinosa… y yo, simulando el ardor, salí sacando pecho y creyendo en Dios.

El Patrullero

 

─Buenos días, oficial.

─Buenos días, caballero. Permítame decirle que es un placer recibirlo en esta Comisaría. ¿Cómo podemos ayudarlo señor?

─Gracias. Vengo a hacer una denuncia.

─Pero amigo… ¿se ha dado cuenta lo hermoso que está el día? ¿Por qué no deja para mañana la denuncia? Disfrute el Sol, lo piensa mejor, se tranquiliza y vuelve mañana que con gusto lo recibiremos como acostumbramos, con total amabilidad.

─ ¿Me está pidiendo que no haga la denuncia? Me robaron hace un rato el auto en plena calle, dos muchachos.

─Comprendo señor, cálmese. ¿Gusta un café? Es de los buenos.

─No quiero café, quiero que me tome la denuncia y que investiguen, que para eso les pagamos.

─Con mucho gusto. De verdad un placer recibirlo. Cómo sabrá ahora cobramos las denuncias. Debe abonar previamente un impuesto en el Ministerio y luego puede realizar la denuncia. Pero ya le advierto que hay al menos doscientas antes que la suya. Es que, como ya se sabe, el presupuesto no alcanzó para comprar un patrullero. Por eso el Ministerio nos autorizó que con la recaudación de las denuncias compremos uno.

─ ¡Qué disparate! Pero habrá policías que patrullen aunque sea a pie ¿o no?

─Bueno, haber hay. Pero no tenemos dinero para el uniforme y tampoco para balas. Así que por ahora hacen tareas administrativas. Hay mucho papeleo.

─Ahora entiendo porque hay tanta criminalidad.

─No señor, discúlpeme. Las estadísticas confirman que en los últimos tres años hemos llegado a disminuir considerablemente las denuncias. Y, obviamente, si no hay denuncias es porque ha bajado la taza de crímenes.

─Pero me está diciendo que se cobra la denuncia, ¿quién va a denunciar así?

─La estadística no miente señor. Además, cuando podamos sacar el patrullero a la calle, y le digo que ya hay muchos vecinos que han comprado sillas para verlo pasar, entonces la ciudad estará mucho más segura y bajará aún más las cifras de delitos.

─ ¿Cómo es eso de las sillas?

─Una idea brillante del Cabo Perdomo. Se le ocurrió alquilar sillas, como se alquilan para el desfile de carnaval. pero para ver pasar el nuevo patrullero. Será todo un acontecimiento ¿se imagina? Ya hay vecinos que han comprado varios talones. Aún no tenemos la fecha de salida del patrullero a la calle, pero han comprado para ese día y el siguiente y el siguiente, y así hasta fin de año.  Una idea brillante. Con la recaudación estamos juntando para los uniformes y parece que sobrará algo para comprar cachiporras y algunas balas.

─Pero, ¿el Ministerio no les da nada? Es al Gobierno a quien le corresponde comprar eso.

─Querido amigo, el gobierno ha hecho mucho. Fíjese ¡cuánto a descendido la criminalidad! Eso se lo debemos al gobierno. No hay que exigirle tanto. Hace lo que puede, créame. Y la ciudadanía está contenta. Solo esperamos el patrullero, que, con la ayuda de la gente, pronto será una realidad.

─ ¡¿O sea que hasta que no llegue el patrullero no van a investigar mi caso?!

─Lo haremos señor, claro que sí. La policía de esta ciudad siempre está comprometida con su gente y su problemática. Solo le pido que venga mañana a hacer la denuncia.

─ ¿Por qué no puedo hacerla hoy?

─Nos prometieron del Ministerio que mañana tendríamos un lápiz. Se nos ha terminado la semana pasada el que teníamos asignado en el presupuesto. Así que mañana podremos atenderlo como es nuestra costumbre, que tantas satisfacciones le han dado al pueblo.

─Si es por eso, yo tengo una lapicera aquí.

─El problema Señor es que solamente podemos usar el lápiz que nos da el Ministerio. Las leyes son las leyes y están para cumplirse. Pero, ya que está tan abierto a apoyarnos, ¿no quiere usted un talón para las sillas? Lamentablemente solo me quedan en la tercera fila y tendrá que pararse cuando pase el patrullero.

─Bien, deme dos.

─Es usted muy amable Señor, ya verá que su auto va aparecer. Sabemos muy bien que es la banda de los hermanos Gómez los que roban los autos.

─Y, ¿por qué no los apresan?

─Verá, el Señor Juez no quiere firmar la orden de detención hasta que no le hagamos rebaja en el pago de dos sillas para ver pasar el patrullero.

─Y, ¿por qué no le regalan los tickets y ya?

─El Señor Ministro nos ha pedido que no lo hagamos, porque no quiere que se pueda interpretar como un acto de corrupción. El Sr. Ministro ya ha hablado con los Ministros de la Suprema Corte para que sean ellos quienes compren los tickets de las sillas del Sr. Juez, así firma la orden de detención. Aunque la Suprema Corte ha dicho que hasta el próximo presupuesto no tendrá dinero disponible para eso, así que estamos esperando.

─No se preocupe oficial. Yo pago los dos tickets para el Sr. Juez.

─Eso sería intromisión en la justicia, mi querido amigo.

─Entonces, dígame ¿cuál es el nombre del Juez así habló directamente con él?

─El Sr Juez Gómez. Él es el hermano mayor de los hermanos Gómez.

─Pero… o sea… es decir…¡él tendrá que emitir una orden de detención de sus propios hermanos! ¿O me equivoco?

─Está en lo cierto. Pero creemos firmemente en la probidad del Sr. Juez.

─ ¡Pero los está chantajeando con los tickets de las sillas! ¿De qué probidad me habla?

─Bueno, en realidad es comprensible… hace seis meses que no le pagan el sueldo y no tiene dinero para los tickets.

─ ¿Cómo que no le pagan? ¿Y qué hicieron con el dinero asignado a sueldos?

─Verá usted, se gastó el dinero que había para pagar los sueldos de los jueces en una colonia de vacaciones que hicieron para los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, que se lo merecían por todo lo que trabajan. Están muy estresados. También a veces invitan al Ministro y al Jefe de Policía.

─Con eso hubieran comprado varios patrulleros.

─Bueno, en realidad compraron uno, con un resto que sobró. Pero el Ministerio lo tuvo que vender para pagar una deuda que tenía con la confitería que organiza las fiestas que suelen dar.

─Esto es un desquicio de país.

─Pero se vive bien Señor, ¡no me diga que no! Es un país libre, tranquilo y la gente está contenta. Eso es lo importante.

¡Solo necesitamos un patrullero!

El candidato

─Me parece que he sido muy claro.

─Sí, sí lo ha sido. Lo que no me puedo creer que esa sea su propuesta para terminar con la delincuencia.

─Nuestra propuesta es extinguir la delincuencia. ¿Qué es lo que no entiende?

─Justamente, que matar sea la propuesta política de su partido Doctor.

─De lo que se trata es de ser inflexible y eficiente. La gente está harta de la delincuencia y nosotros tenemos un plan de exterminio que será revolucionario.

─Bueno… el pueblo sabrá que hacer. Faltan dos días para las elecciones. Que quede claro que lo que usted propone es un Estado asesino. Un Estado violento.

─Queremos un Estado que se ocupe del problema y no lo rehúya por dos o tres votos más. Violencia es la que sufrimos a diario.

─Bien…  increíble… dígame Dr.  ¿cómo piensa llevar a cabo ese plan?

─La primera semana de gobierno vaciaremos las cárceles. Mataremos a todos los presos. Esos ya no reincidirán. Aún no sabemos si a los tiros, en cámara de gas o los dejaremos que se mueran de hambre. Mis técnicos están evaluando lo más económico. No queremos gastar un peso más en esos inútiles. Dejaremos de gastar en mantener vagos.

─Pero se imaginará que la OEA, la ONU y muchos países amigos protestarán e impondrán sanciones a nuestro país.

─Cuando vean los resultados tendrán que callarse. Incluso con el tiempo nos imitarán. Tenemos la razón. Y créame que lo importante son los resultados y no los procedimientos.

─ ¡Qué locura!, dígame: ¿Qué van hacer para prevenir la delincuencia?

─El segundo paso será la prevención. Muerto el perro se acabó la rabia, pero siempre hay quienes quieren ser “perros”. Así que vamos a hacer una limpieza en los cantegriles y barrios pobres, en especial entre los negros. Se da cuenta, encima que son pobres son negros. ¡Como para no robar!

─¡Eso es fascismo!

No lo sé. Tampoco nos importa. Hay que terminar con la hipocresía. La mayoría de los delincuentes son negros y pobres, así lo dicen las estadísticas. Por lo tanto, si liquidamos la raíz del problema, ya no habrá problema.

─¿Usted ha matado Dr.?

─Sí, claro, ¿quién no lo ha hecho? Soy político, pero antes soy humano. He tenido motivos de sobra para matar en mi vida. ¿Usted no ha tenido?

─Bueno… sí, motivos he tenido. Mas, nunca lo he hecho.

─Pues, yo sí. Y muy orgulloso de haberlo hecho. Se siente una libertad maravillosa y se conecta con un poder inmenso. Nunca más nadie se atrevió a desafiarme. Le aconsejo que se anime. Será otro hombre.

─Seré un asesino, querrá decir.

─Será un hombre libre. Habrá conectado con lo más profundo de usted y luego de la experiencia saldrá más digno y fuerte.

─¡Vaya locura! Me imagino que no respetará las leyes.

─Vamos a suspender todas las leyes. Las leyes se crearon para combatir la delincuencia en todo su accionar, desde robar, chantajear, estafar, etc… Pero, está claro, que ha fracasado como forma de control. Al liquidar el problema las leyes no serán necesarias.

─¿Y la oposición?… ¿Cómo piensa tratar con la oposición?

─Como no serán necesarias las leyes, para que gastar plata en una manga de diputados y senadores inútiles. Si la oposición los quiere que los mantengan ellos. Nosotros no vamos a gastar un peso. Y si no están de acuerdo que se vayan del país, o que esperen cinco años a ver si nos ganan.

─¿Usted realmente piensa que ganará la Presidencia?

─Obviamente que sí. La gente quiere paz, está harta de los negociados de los políticos, de tanta mentira e inseguridad. Nosotros somos la renovación y la esperanza, y vamos arreglar eso, rápido.

─Pero… lo que propone es antidemocrático.

─Estamos hartos del panfletarismo marrullero. En la vida, querido amigo, hay que ser práctico. Las etiquetas nunca nos trajeron paz. Es nuestra hora. Basta de absurdas posiciones que solo nos han traído dolor y más dolor.

─¿Usted, se considera el Hitler moderno?

─Si lo hubieran dejado hacer… el mundo sería otro, créame.

─Usted, es detestable y, disculpe, que se lo diga ante cámara pero no puedo callármelo.

─Usted es uno de los tantos que han frenado el progreso de la sociedad con ideas vetustas y puritanas, que solamente han favorecidos a los ladrones y a los políticos corruptos. Así que es un buen ejemplo para empezar.

 

Y ahí mismo, frente a las cámaras, saqué mi revólver y le pegué un tiro certero en la cabeza.

Me detuvieron.

Dos días después gané las elecciones con una mayoría abrumadora.

Viaje circular

Fui barca sin rumbo
tarde de verano, viento acorralado
y en ningún lado recalé
y en todos dejé mi aroma
como un suspiro en el mar.
Fui parte de muchos sueños
dueño de una fugaz fantasía
robé realidades y esperanzas
intenciones y amores.

Cada giro una distancia.
Cada volver un desencuentro.
Cada desafío una soledad desarmada.
Viajes sin destino, ni tiempos ni espacios
burda imaginación en un mar de estrellas.
Te busqué, te soñé, te sufrí.
Escudriñé tu alma debajo de tantas piedras, de tanta tierra.
Cada pueblo y esquina me supo perdido
como sueños rotos en rincones secuestrados de tristeza
o esperanzas desflecadas por vendavales aburridos.

Te busqué donde nunca te encontraría
ilusiones que se rompen como un cristal horadado en mi pecho.
Nunca encontré tu mirada, tu dulzura, tu andar sinuoso y tierno.
Te perdía en cada huella y camino que asomaba
Recordar el olor de tu voz atormentaba mi viaje
hasta el Sol y la Luna pena me tenían.
Tanta memoria ejercida, tanto desencanto derramado.
Ya mi cuerpo se arrastraba tras mi alma,
ya mi pasos tropezaban con mi sombra.

Vacío sin rumbo, sin espacios adonde llegar
bajo mil cerrojos yace cansado mi eterno buscador.
Mi alma aún te sabe, te huele, cálido resplandor de tu hermosura.
Hacen falta pocos besos para hundirme en tu piel.
Queda pocos para que la miel de tu sonrisa reviva un curtido corazón.
Al fin junto, como siempre ha sido, comenzar de nuevo
en tantas vidas, en tantos viajes.
El amor seguirá cosiendo nuestros desencuentros
viajaremos por siempre
y cada vez sabrás que te cielo.

El final del cuento

Aprovecho las pocas horas tercas que me quedan cerrando mis ojos y hundiéndome en los pasadizos siniestros de mi mente enferma y ruin. Así, una tarde caigo de un tobogán destruido a un estanque de estiércol, que unos gigantes usan hundiendo sus enormes pies como quienes pisan uvas para sacar el vino jugoso, pero aquí es la sangre de tantos cadáveres que yacemos en esa pileta del submundo. Otra mañana me sumerjo en un bosque lóbrego lleno de fieras voraces que esperan al acecho que algún alma innoble pase por allí para hincar sus dientes, destrozar sus carnes y saciar el hambre vulgar y gris que despide un hedor putrefacto. Otras noches asesino una y otra vez a mi madre con un hacha gigante y le destrozo su maldito cráneo para alimentar los gusanos que salen a miles de las bocacalles de donde aún espero mi muerte.
Así paso mis días, esperando mi pálida partida de este inmundo planeta infectado de vida. Así mi amada muerte me hace esperar, con tantos años de idilio que disfruto recordar. Esa perra goza sacando filo a su arma, para cortar cabezas como quien corta un pastizal en un valle quimérico rodeado de montañas de mierda.
Y, para matizar el asqueroso tiempo de la espera, mi cuerpo barroco y moribundo es el más aborrecido de esta marimba que llamamos vida.
Yo que he sido el más fiel de sus seguidores; yo que he matado a tantas almas y he satisfecho a Su merced, la muerte; yo que he sabido desterrar la sangre de cuerpos hermosos y platinados; yo que he sido un maestro en descuartizar los pequeños niños tan absurdos como felices; yo que he contado por miles las balas que he tirado apuntando siempre al corazón de los viles hombres por los que he cobrado. Yo, aquí, injustamente vivo, deseo que mi Maestra me lleve, bien lejos, donde no pueda oler más vida y únicamente haya en el aire su repugnante sabor, que todo lo impregna y de la que es dueña en este anodino planeta.
A veces parece que será hoy, a veces es tanto mi asqueroso deseo que se me confunde con la inconsistente levedad del tiempo, a veces miro absorto la puerta del infierno esperando su golpe impecable e implacable. Solo quiero que me lleven las tinieblas perimidas de lujuria. Solo una garra que se hunda en mi garganta y saque mis órganos y dé vuelta mi piel para que, al fin, mis huesos respiren el aroma del fin.
Solo deseo tanta muerte como aquel que busca ansioso tanto amor…

Y paró de escribir.
Cerró sus ojos por un instante, solo llegaba a sus párpados la tenue y azulada luz de la pantalla de su laptop.
Así se quedó… pensando su cuento. Saboreando palabras.
La luz de la pantalla agonizó lentamente.
En ese instante, le pareció que lo observaban.
Abrió sus ojos de golpe. Oscuro, muy oscuro. No parecía haber nada, ningún pequeño reflejo, nada.
Aguzó su vista pero la densa negrura no dejaba ver bien.
Sentía una presencia. Su piel se erizó. Su corazón tropezó.
Se escuchaba el silencio. Casi dejo de respirar. Sus latidos, fuertes y apurados, llegaban a sus oídos como un tropel salvaje de caballos.
Un crujir quejoso hizo que se sobresaltara y se apretó en su silla. Las gotas frías de sudor se hacían lugar en su cara patitiesa.
Buscó la llave de luz a tientas, pero no funcionó.
Una voz áspera y profunda llenó el ambiente.
– Aquí estoy. Acabó la espera.
– ¿Quién es? -preguntó entre sollozos y con su voz tomada por la angustia y temor.
– Soy yo, me has llamado y aquí estoy.
– No. No te llamé, jamás lo haría. Es… es solo un cuento. Un mal cuento.
– Me invocaste. Siempre respondo cuando me invocan. ¿Quieres irte lentamente o en el próximo suspiro?
– No, no. No quiero irme. Por favor, es tan solo un maldito cuento. Soy solo un pésimo escritor en un aburrido cuento de terror.
– Lo has pedido y así tendrá que ser.

Algo frente suyo desplazó el aire y se levantó inmenso y pesado. Algo de brillo metálico se movió hacia atrás y luego hacia adelante con la fuerza del demonio. Una guadaña fría y limpia penetró lenta e inexorable su cuello, desgarrando su carne, sus venas, sus huesos, distanciando poco a poco su cabeza del cuerpo.
Allí mismo, cayó la estúpida, dando vueltas en el piso mientras la sangre escapaba aterrada del perplejo cuerpo aplastado en la silla como un envase vacío.

Volvió el silencio.

Miró el cuento abandonado… miró la cabeza a sus pies y pensó: ¿Cuándo aprenderán que lo que escriben se hace realidad?

Ilusiones recostadas

A tu lado cimbra mi cuerpo otoñal como arpa celestial
desnuda mi alma la sed de amor que resbala por mi pecho
y baja por mi costado más tierno y fangoso
despacio, sigiloso, dejando que mis manos canten tu piel
me adentro en el dulce cielo donde seducen temblorosos tus quejidos
es la danza del silencio en el paraíso entrelazado
ya quema saborear tu respiración sedosa y candente
ya mi piel borbotea de placer en mil flores de jazmín
ya cae el tiempo asfixiado por un mar de besos petulantes
y se destruyen las escabrosas ruinas del ego como muros de humo
ya es momento de hundirme en tu pecho distante y amado
sembrar con música de mi corazón tu largo cuello carmesí
y rendirme sin escondites a la esperanza de un amor esperado.

Nada

Ni espacio
Ni tiempo
Solo la efímera fantasía de la realidad
Solo yo y el teatro de mi existencia

Ni espacio
Ni tiempo
Solo destellos del corazón
Solo lo insustancial del ser

Ni espacio
Ni tiempo
Solo claves… artilugios de mi sentir
Solo gotas en una niebla de esencia

Ni espacio
Ni tiempo
Solo mi mente y su creación
Solo lo intangible de la certeza

Ni espacio
Ni tiempo
Solo creencias en burbujas de vacío
Solo verdades mentirosas

Ni espacio
Ni tiempo
Solo Luz…
Solo Todo
Solo Nada

Serendipia

Cansado y malhumorado subí al taxi.
Solo quería llegar, bañarme y descansar. Necesitaba silencio.
Pero un viernes de tarde, en una ciudad atestada de autos, parecía difícil encontrar algo de paz.
– Cebollín, ajo, tomate, morrón, pimienta, sal, cerveza, limón, pasta de ají, ají verde y un poco de aceite. Le va a encantar.
Esta receta me la paso Herminio, un taxista chileno muy simpático y, a decir de él, mejor cocinero, soltero y feliz.
Un viaje que pasó a contarme de las mujeres, los encantos de la soltería, el desorden maravilloso de vivir solo, la comida con los amigos que terminan con más alcohol y, no podía faltar, filosofía. Recetas, risas y complicidad.
Desde Santa Lucía a Providencia, desde la generosidad a la amistad.
Un apretón de manos y la gratitud de saber que aún queda gente maravillosa y suelta por la vida que te alegra el día con su sola presencia.
Necesitaba un viaje tranquilo y el destino me regaló una tarde de sabiduría simple y fresca.
Pero lo extraordinario pasaría un año después. Casi en las mismas fechas vuelvo a Santiago. Misma actividad, mismo lugar, mismo cansancio. Era viernes y, antes de irme, pido un taxi. Para mi sorpresa, subo al taxi de Herminio.