Viaje circular

Fui barca sin rumbo
tarde de verano, viento acorralado
y en ningún lado recalé
y en todos dejé mi aroma
como un suspiro en el mar.
Fui parte de muchos sueños
dueño de una fugaz fantasía
robé realidades y esperanzas
intenciones y amores.

Cada giro una distancia.
Cada volver un desencuentro.
Cada desafío una soledad desarmada.
Viajes sin destino, ni tiempos ni espacios
burda imaginación en un mar de estrellas.
Te busqué, te soñé, te sufrí.
Escudriñé tu alma debajo de tantas piedras, de tanta tierra.
Cada pueblo y esquina me supo perdido
como sueños rotos en rincones secuestrados de tristeza
o esperanzas desflecadas por vendavales aburridos.

Te busqué donde nunca te encontraría
ilusiones que se rompen como un cristal horadado en mi pecho.
Nunca encontré tu mirada, tu dulzura, tu andar sinuoso y tierno.
Te perdía en cada huella y camino que asomaba
Recordar el olor de tu voz atormentaba mi viaje
hasta el Sol y la Luna pena me tenían.
Tanta memoria ejercida, tanto desencanto derramado.
Ya mi cuerpo se arrastraba tras mi alma,
ya mi pasos tropezaban con mi sombra.

Vacío sin rumbo, sin espacios adonde llegar
bajo mil cerrojos yace cansado mi eterno buscador.
Mi alma aún te sabe, te huele, cálido resplandor de tu hermosura.
Hacen falta pocos besos para hundirme en tu piel.
Queda pocos para que la miel de tu sonrisa reviva un curtido corazón.
Al fin junto, como siempre ha sido, comenzar de nuevo
en tantas vidas, en tantos viajes.
El amor seguirá cosiendo nuestros desencuentros
viajaremos por siempre
y cada vez sabrás que te cielo.

Julia

Sirvienta eternizada
sin edad.
Vio nacer a todos,
morir a muchos.
Siempre ahí,
dispuesta
ruda
dedicada,
tenaz
silenciosa,
liviana,
transparente.

Si salía, su destino era incierto.
Volvía al atardecer
sigilosa, imperceptible.
Con la luz en sus bolsillos.

Ante la muerte,
permaneció cerca,
desafiante
en silencio tras las cortinas
hasta el final,
solo los rincones
consolaron su llanto
Se quedó sin lágrimas.

Un día,
desapercibida,
atravesó el umbral
con su atadito de ropas.
Así,
silenciosa,
liviana,
transparente,
se perdió en la penumbra.

Ilusiones recostadas

A tu lado cimbra mi cuerpo otoñal como arpa celestial
desnuda mi alma la sed de amor que resbala por mi pecho
y baja por mi costado más tierno y fangoso
despacio, sigiloso, dejando que mis manos canten tu piel
me adentro en el dulce cielo donde seducen temblorosos tus quejidos
es la danza del silencio en el paraíso entrelazado
ya quema saborear tu respiración sedosa y candente
ya mi piel borbotea de placer en mil flores de jazmín
ya cae el tiempo asfixiado por un mar de besos petulantes
y se destruyen las escabrosas ruinas del ego como muros de humo
ya es momento de hundirme en tu pecho distante y amado
sembrar con música de mi corazón tu largo cuello carmesí
y rendirme sin escondites a la esperanza de un amor esperado.

Metáforas

Homenaje a GGM y sus metáforas en libro Cien años de soledad

Caminaba tanteando el aire enceguecido de dolor.
Sus cienes bombeaban la sangre a un ritmo demencial
mientras se debatía entre la vida y la muerte.
Sufrió una crisis de desilusión…
Perdió la voz y un hilo de sudor helado recorrió su alma recta.
Sus huesos empezaron a llenarse de ruidos silenciosos mientras el corazón helado de pavor detenía los latidos.
Sus mandíbulas férreas y su mirada triste, poco a poco,
se fueron apagando.
Su piel quemada sudaba hielo.
Cuando llegó la noticia de su muerte envuelta en una carta lacrada,
aquella casa, una vez llena de amor,
se transformó en una casa amordazada por el luto.
Color negro, negro color
Palpitando las faldas negras al son de un llanto incontenible.

Nada

Ni espacio
Ni tiempo
Solo la efímera fantasía de la realidad
Solo yo y el teatro de mi existencia

Ni espacio
Ni tiempo
Solo destellos del corazón
Solo lo insustancial del ser

Ni espacio
Ni tiempo
Solo claves… artilugios de mi sentir
Solo gotas en una niebla de esencia

Ni espacio
Ni tiempo
Solo mi mente y su creación
Solo lo intangible de la certeza

Ni espacio
Ni tiempo
Solo creencias en burbujas de vacío
Solo verdades mentirosas

Ni espacio
Ni tiempo
Solo Luz…
Solo Todo
Solo Nada

Espiral ascendente

La bisabuela esperó

a un héroe olvidado,

herido en el campo de batalla,

fantasma estancado en el lodo del patriotismo.

Manco, ciego y sordo a los quejidos de hambre de sus hijos.

Lloró en silencio su muerte, congraciándose con la  pena

quien la desveló  una noche  y le regaló el abrigo

del tupido poncho  del despecho.

Sus lágrimas mudas sobre la tumba

levantaron vuelo como semilla de cardo

que se esparció  sobre el pasto verde

donde brincaban con alegría las ilusiones

de

sus descendientes.

 

 

La abuela amó

sumisa y complaciente.

Dejó extinguir las brasas de sus propios sueños.

Cosió botones,

preparó la cena.

Esperó con paciencia

el regreso del hombre de su faena.

Engendró hijos  entre el vaho del alcohol y el tabaco.

Parió con dolor apretando los dientes

para no ofender los designios de su Dios.

Y se rindió al destino, mansamente.

 

 

 

La madre guardó las apariencias

como una máscara  estéril adherida a su piel.

Aún  maniatada  por el recato  y las buenas costumbres

sintió hervir,  en el caldero de sus instintos

su inefable naturaleza.

 

Lucha desigual

Oposición abrumadora

Loba bajo la piel de madre y esposa.

Beligerancia contenida

que estalló  en furia

cual bengala incandescente

iluminando  el pasadizo oscuro

de las tradiciones,  ante los ojos

recién abiertos de sus críos.

 

La hija  reconoció la voz de la loba.

Un suave  aullido, cada tanto,

…llegaba hasta sus

oídos

en el trajinar cotidiano.

 

 

 

La hermosa bestia

quería salir a la luz del día,

radiante  y briosa hembra…

cansada de clamar bajo la claridad lunar.

La hija honró a  esas  otras

procreadoras de su mismo linaje,

a quienes la loba había abierto sus fauces…

pero por  miedo,

por falta de coraje,

por amor malentendido

por protocolo

por supervivencia

o tantas  otras trabas impuestas, no habían tomado el propio  machete

para  internarse en  la selva inexplorada.

Se vistió con sus ropas de amazona

y siguió la dirección de la voz…

El aullido melodioso y apremiante

que la condujo  al  paraje verde, húmedo y fértil

que habita en el interior de sí misma.

Insurrecta

Rastrilló los mandatos recibidos

y escribió otros nuevos

con un pincel hecho con sus oscuras  pestañas

bañadas por el rocío de la  condena.

 

Miró hacia atrás y vio la espiral ascendente de OTRAS,

que, al igual que ella,

vivían bajo el peso de la tradición.

Hizo añicos el falso espejo de los convencionalismos.

Y cavando en lo profundo, halló esculpido en el barro fresco

su rostro verdadero.

 

Plantó bandera en su propio cuerpo

y  el deseo revoloteó dentro y fuera de sus fronteras.

Desafió las fantasmales voces del deber

desalojándolas de su cabeza,

que,, al verse  libre  de intrusos,

transitó  feliz  por las avenidas y callejuelas

del territorio del albedrío poblado de promesas.

 

Armó sus valijas bajo miradas insidiosas.

Mas no cedió en su empeño,

se calzó los tacones del orgullo

y echó a andar  sin remordimiento,

como una hereje,

a estrenar

su nueva identidad.

Soy…

Andariego sin rumbo.

Buscando el destino perdido.

Quiero…

Navegar sin puerto.

Para no anclar en una isla solitaria.

Seré…

Rayo sin luz.

Para guiarme en la oscuridad sin quemarme.

Sería…

Ave sin vuelo.

Por si me hieren antes de alzarme.

Quisiera que…

Cuando despierte de este desierto árido que me mata…

Ser la única flor sembrada en tu tierra,

… el aire perfumado que aspiras,

… la cálida lluvia de verano,

… y la brasa que funda nuestros cuerpos.

La distancia

Cuando más lejos estás…

… más cerca te siento de mí.

Porque tu ausencia está

llena de la presencia de ti.

Cuando más cerca estás…

… más distante te siento.

Dime:

cómo le digo al tiempo

que detenga la marcha…

y que te deje

solo unos minutitos

ser, únicamente, mío.